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jueves, 29 de enero de 2009

Parque Nacional del Kinabalu


Este es el otro Parque Nacional de Malasia que, junto al Gunung Mulu, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En él se pueden hacer muchas cosas, como las que hicimos
Tomaš y yo cuando vinimos la primera vez. Pero entre todas esas cosas, hay algo que es lo más importante que puedes hacer en el Parque Nacional del Kinabalu. Y es que el Kinabalu, con sus 4095 metros de altitud, es el pico más alto del Sudeste Asiático, o eso dice en muchos sitios, aunque según donde mires viene hasta el cuarto en esta clasificación.

A Zuzana y a mí nos gusta mucho subirnos por las montañas como las cabras, así que, cuando Zuzana supo que venía a trabajar a Malasia e investigó un poco sobre el país y enseguida encontró que una de las cosas que quería hacer era subir el Kinabalu. Entonces decidimos que cuando Zuzana tuviera algún puente lo intentaríamos.

Como ya os comenté, el año nuevo musulmán (el Hari Raya), que coincide con el final del Ramadán, es una de las fiestas más importantes del año musulmán… no me extraña, con lo comilón que soy, si a mi no me dejaran comer durante el día durante un mes, también celebraría el día que se terminara el Ramadán. Evidentemente el Hari Raya, en un país musulmán como es Malasia, implica unos días festivos a nivel nacional, más exactamente dos días festivos, que este año caían en miércoles y jueves. Justo el jueves anterior a Zuzana le dijeron que tendría el viernes del puente libre y me llamó para preguntarme a donde se sacaba el billete para ir esos cinco días.

Yo el Hari Raya lo iba a pasar en Kuching con Nadim, el fotógrafo, que me había invitado a ir a su barrio a ver como se vive allí. Zuzana me llamó por teléfono con la suerte de que justo ese día era el que yo estaba muriéndome en los Pináculos. Digi, la compañía de móvil que tengo yo no tiene cobertura allí, como en muchos otros sitios, pero aunque la hubiera tenido no creo yo que hubiese tenido fuerzas para sacar el móvil del bolsillo.

Así que Zuzana no pudo contactar conmigo y reservó el billete con lo que ya habíamos hablado antes, que subiríamos el Kinabalu. Cuando volví a los dos días a las oficinas del parque me encuentro por un sendero a una de las chicas que trabajan en el parque y me dice: "ha llamado Zuzana y ha dicho que ahora está en Singapur y que el miércoles llegará por la mañana a Kota Kinabalu". Así que nada de Hari Raya en Kuching y en su lugar me voy a subir el Kinabalu. ¿Veis? Otro cambio de planes, si es que no se puede planear nada.

Llamo a Anddreas para ver cuando ponemos el viaje al interior de Sarawak, Zuzana y yo nos ponemos en contacto, como podemos, entre Mulu y Singapur, y quedamos que en cuanto Zuzana llegue el domingo a Kuala Lumpur me reserva un billete para ir a Kota Kinabalu.

Una vez en Kota Kinabalu me pongo a buscar alguna manera de reservar todo lo que hay que reservar para subir el Kinabalu, pero claro, un puente como ese… imposible, está absolutamente todo reservado para los tres días en los que podríamos subirlo.

Aun así, Zuzana y yo decidimos que nos vamos al Parque el viernes por la mañana en el primer transporte que haya para que nos pongan en la lista de espera por si alguien falla y se queda alguna plaza libre.

Para descansar un poco antes de subir la montañita, decidimos que el miércoles nos damos un paseo por Kota Kinabalu para ver como es eso del Hari Raya. La gente se viste con trajes típicos, hombres y mujeres, y la ciudad se llena de colores vivos y de vida vayas por donde vayas. Además hay muchas celebraciones en las que los invitados se pone sus mejores galas.


También decidimos que el jueves nos vamos a las islas esas que todos conocéis cerca de Kota Kinabalu. Como yo ya he estado y además quiero pasar el día con Zuzana sin tener que preocuparme de si hago una foto aquí y ahora otra allí, me doy el día libre a mí mismo y me dejo la cámara en el albergue. Obviamente, como no tengo la cámara, cuando estamos en la isla de Sulug (la isla "desierta" del pié de
Tomaš), vemos al lado de las mochilas una lagartija preciosa a la que no le puedo sacar una foto decente. Bueno, por lo menos os dejo un video hecho con la cámara compacta que usa Zuzana en su trabajo, para que veáis un poco la isla y a la lagartija.



Esa tarde, volviendo de las islas nos llovió lo que no está en los escritos. Como ya estábamos empapados del barco de vuelta, decidimos volvernos andando, bueno, mejor dicho corriendo, desde el puerto al albergue. Muy divertido, cruzar la calle significaba que te cubriera por encima de los tobillos.

Al día siguiente a las 7 de la mañana estamos como un clavo, bueno, como dos clavos, en la estación de autobuses preparados para coger lo primero que salga hacia el Parque Kinabalu.

En cuanto llegamos al Parque nos vamos a la recepción y preguntamos si hay alguna cama libre en algunos de los refugios que hay en la montaña, pero… nada, todo está completo, y sin tener sitio en uno de los refugios no está permitido subir. Casi todo el mundo ha llegado ya y no quedan muchas plazas por cubrir, pero de todas formas nos apuntamos los primeros en la lista de espera. Además la mujer que es la jefa del control del alojamiento es una de esas personas frías a la que por mucho que le digamos que por favor, que si podemos dormir en la cafetería en el suelo, que no nos importa, no se le cambia la expresión de la cara ni a tiros.

Se supone que la gente llega antes de las 10, pero tenemos que esperar hasta las 12 por si acaso hay algún retraso. Esperamos una hora y volvemos a preguntar… nada. Como de esa mujer no vamos a sacar nada, intento preguntar a otra persona. Así que en cuanto la jefa está atendiendo a otras personas yo me acerco a preguntar a otra chica, que parece más maja, si alguien ha fallado, aunque ya sé que no, porque estamos los primeros en la lista de espera y si no, nos hubieran avisado. Cuando me dice que no ha habido ninguna cancelación le pregunto si no hay otra manera de conseguir subir aunque no haya plazas. Ella me dice que ellos no pueden hacer nada, que si acaso tiene que autorizarlo el jefe de los guardas forestales. Eso es lo que yo quiero saber, quién es el que nos puede dejar subir porque puede decidirlo por sí mismo.

Me voy a la ventanilla donde se pagan las tasas del parque esperando un momento en el que no haya nadie en la cola para preguntar por el jefe, pero siempre hay alguien pagando algo. Me voy a otra entrada de la oficina y ya alguien viene a ver que es lo que necesito. Entonces allá voy otra vez, saco mi tarjeta y suelto el discurso que tan bien me tengo aprendido: "Soy un fotógrafo español...". Llaman al jefe de los guardas y hablando con él me entero que de que hay una agencia que gestiona la via ferrata del Kinabalu y que tienen varias plazas reservadas para ellos, que vaya a hablar con ellos a ver si nos ceden alguna de las que tienen.

Vamos a la oficina de la agencia y nos dicen que sí que tienen alguna plaza pero que tendríamos que contratar alguna actividad con ellos. Bueno, la cosa va mejorando, por lo menos parece que podremos subir. Cuando estamos saliendo de la oficina de la agencia me suena el teléfono, son de la oficina, ha habido una cancelación de última hora de dos personas. ¡Bien!

Hablamos con la chica de la agencia que ha tenido la cancelación y nos quedamos las dos camas, pagamos las tasas, buscamos un grupo para unirnos y compartir los gastos del guía y del transporte hasta el punto de salida (se puede empezar desde las oficinas pero creedme que no es necesario, ya es suficiente el camino normal) y nos ponemos en camino.

La subida al Kinabalu. La opinión general es que es menos dura que los Pináculos, pero que también es muy exigente. Se empieza a subir desde los 1866 metros de altitud y ese día se hacen 6 kilómetros hasta los refugios, que están a 3272 metros (no hagáis la resta, ya os lo digo yo, son 1406 metros de desnivel). El segundo día se sube hasta la cima, pero con un pequeño detalle, se sube para ver el amanecer desde lo más alto del Kinabalu a casi 4100 metros sobre el nivel del mar (si tienes suerte y no está nublado, en el Kinabalu nunca se sabe), así que se empieza a subir alrededor de las 2 y media de la mañana, sí, habéis leído bien las DOS y media de la mañana. El objetivo es cubrir en algo menos de 3 kilómetros los 823 metros de desnivel restantes para estar arriba a las 5 y ver el amanecer. Después de eso se baja hasta los refugios, se come allí y se continúa hasta el principio del camino, en total 2229 metros de bajada.

Pues nada, vamos allá.

Durante el primer día se van atravesando los diferentes tipos de vegetación que hay en el Kinabalu. Se empieza en la selva y según se va ascendiendo el tiempo se vuelve más fresco y la humedad va descendiendo, la selva se va convirtiendo en bosque poco a poco, y a su vez el bosque va siendo cada vez menos frondoso hasta dejar paso a la vegetación de matorral de alta montaña. Las nubes aquí son muy cambiantes, se mueven muy rápido, y lo más probable es que durante la ascensión las superes y contemples todo tipo de imágenes como resultado de los juegos entre ellas y el Sol.


El camino no tiene pérdida, es fácil de seguir, el único problema que tiene es que el que lo construyó, o debía ser muy alto o no tenía muchas ganas de trabajar, porque los escalones que hay a veces te llegan a la altura de la rodilla. Durante la ascensión te vas cruzando con la gente que baja después de hacer cima (o no). Nosotros, con todo el lío de encontrar el alojamiento, hemos empezado a subir bastante tarde, así que nos vamos cruzando con los que bajan en último lugar. Se les ve cansados y nos vamos dando cuenta de que el paseo es largo.

A mitad de camino paramos a comer el paquete de picnic que te ha preparado la agencia, y durante la subida también paramos varias veces. Es muy interesante, hablas con la gente, de donde viene cada uno, porqué están viajando. En esta parte del mundo, en el Sudeste Asiático, hay mucha gente que viaja por periodos de tiempo más o menos largos, de entre un par de meses hasta varios años. Imagino que si vienes con un viaje organizado será más difícil encontrarte con ellos, pero si te sales un poco de los más convencional (y no digo mucho) os sorprenderíais la cantidad de gente que hace estas cosas.

Finalmente, por la tarde, llegamos a "Laban Rata", el refugio donde tenemos reservadas las camas. El paquete con la agencia incluye las comidas en el refugio para la cena ese día y la comida del día siguiente después de bajar de la cima. Las dos son tipo bufet libre, creedme que se agradece, y no porque sea yo, que si que me gusta comer, pero recuperar energías de la subida y prepararse para lo que espera al día siguiente es bastante importante.

Laban Rata, junto con otros refugios, se encuentra en la zona en la que prácticamente todos los excursionistas que suben el Kinabalu hacen noche. Son unas casas de madera en un lugar privilegiado. Después de cenar te puedes salir a la terraza a disfrutar del atardecer a más de 3000 metros de altitud.


Poco después nos vamos a dormir. Aunque es un poco pronto (a lo mejor las 8 ó las 9), no es demasiado difícil dormirse, el día ha sido largo y estamos cansados.

Dos de la mañana, que sueño.

Tras separarnos de la cama como podemos y abrigarnos lo mejro que podemos, nos reunimos con nuestro grupo y con el guía y salimos hacia la cima. El día anterior, como yo estaba "entrenado" de la semana anterior en Mulu, y Zuzana estaba algo más desentrenada por el trabajo de oficina, decidimos que yo llevaría la mayoría de las cosas en mi mochila. Esa mañana sólo cogimos una mochila pequeña con lo necesario para subir, así que Zuzana dijo que la llevaba ella. Bueno, sin el peso de la mochila, sólo con los casi 5 kilitos de la cámara y objetivos, he de reconocer que iba como nuevo, como una cabritilla saltando entre las piedras, como un niño corriendo de un lado para otro. Había una zona con cuerdas para ayudarse a subir… pues yo sin cuerdas y corriendo, parándome a cambiar objetivo y ver si puedo hacer alguna foto. Mi cámara trabaja muy bien con poca luminosidad, pero cuando es de noche… pues no hay mucho que hacer.


Zuzana estaba bastante cansada y gracias al guía consiguió seguir subiendo. Yo le cogí la mochila y entonces dejé de correr como las cabritillas, aunque aun así iba bastante mejor que cualquier otro día.

Al final llegamos a la cima del Kinabalu, 4095 metros, y nos hicimos la foto de rigor, por supuesto.


Lo habíamos hecho bastante bien, incluso diría que llegamos de los primeros. Cuando llegamos, aunque el cielo empezaba a clarear, todavía era de noche, así que buscamos un sitio para descansar y resguardarnos del viento. Por que claro, imaginaos, el pico más alto del Sudeste Asiático, no hay nada en miles de kilómetros a la redonda que pare el viento. Además, vale que estamos en el trópico, pero 4000 metros... es ya bastante alto. ¡Que frío! Por mucho que te resguardaras simpre tenías algo de viento, y con la camiseta empapada de sudor, claro.

Pasado un rato empezó a salir el Sol y contemplamos el amanecer desde la cima del Kinabalu.


No os creáis que hacer esta foto es sacar la cámara y hacerla. Con el frío que hacía en cuanto te sacas las manos de los bolsillos se te quedan congeladas, y cuando llevas medio minuto haciendo fotos, con el viento helado, ya no sientes nada. Llegó un momento que hacía las fotos con el dedo corazón porque con el índice ya no tenía ninguna sensibilidad y no sabía donde estaba el disparador.

Pasado un rato comenzamos el descenso. Bastante mejor que la subida, además, como se sube de noche y se baja de día, es completamente diferente. El macizo del Kinabalu es relativamente pequeño, es como un monte aislado en medio del resto de la isla de Borneo, así que las vistas son impresionantes.


A las 10 de la mañana estábamos de nuevo en Laban Rata y, como teníamos tiempo de sobra, decidimos que en vez de bajar inmediatamente preferíamos comer tranquilamente, dormirnos una siesta de una hora y luego bajar el resto del camino.

Así lo hicimos. Durante el camino de vuelta a las oficinas del parque, como nos ocurrió a nosotros el día anterior, nos íbamos cruzando con todos los valientes que se dirigían hacia los refugios para subir a la cima al día siguiente. Siempre intentábamos darles ánimos y hacerles ver que se puede conseguir.

Otras personas con las que te sueles cruzar mientras bajas de los refugios a las oficinas, es con los porteadores. Como os dije antes, las comidas en Laban Rata son de tipo Bufet, y todos los días hay bastante gente subiendo el monte Kinabalu, así que alguien tiene que subir todo eso, y desde luego en coche no se puede subir nada. Los porteadores locales, hombres y mujeres, llevan enormes mochilas o paquetes a la espalda, y suben con el calzado que tienen: chanclas, alpargatas, lo que sea. Así que, cuando te cruzas con ellos, te das cuenta de que podría ser mucho más duro.

Finalmente llegamos al principio del camino y cogimos la furgoneta que va bajando la gente hasta las oficinas. Allí te espera otra comida de bufet para recuperar las fuerzas que te has dejado en la montaña durante dos días. Después de comer, nos volvimos a Kota Kinabalu con otros chicos que habíamos conocido durante la subida y la bajada en los dos días.

En Kota Kinabalu, esa misma noche, nos dimos una sesión de masaje de pies y piernas que nos vino de maravilla. Y al día siguiente otra ración de islas para terminar de recuperar antes de que Zuzana volviera a su trabajo el lunes y yo me marchase a seguir con mis excursiones.

Una última cosa, si alguno os estáis planteando subir el Kinabalu, tenéis que saber que hay otra opción a hacerlo como lo hicimos nosotros, o como lo hace todo el mundo. Todos los años se celebra un evento que se llama la Climbathon y que ya os podéis imaginar de qué se trata. Es una carrera que consiste en subir y bajar el Kinabalu, corriendo, está claro. En total son 21Km, es como una media maratón pero con un poco de cuesta, de hecho, si lo pensáis el desnivel acumulado es incluso negativo (según el mapa de la carrera). La gente se lo hace en poco más de dos horas y media, así que tampoco debe ser tan difícil.


Así que venga, ¿quién se anima?

martes, 23 de septiembre de 2008

Borneo, pero vamos por partes


Cuanto tiempo ¿no?


La verdad es que me acuerdo bastante vosotros, esto del blog está muy bien porque tengo la sensación de poder hablaros directamente, y además con las fotos me parece que puedo contaros más cosas que simplemente con un correo masivo. La pena es que me lleva mucho tiempo y no puedo actualizarlo tanto como quisiera. Bueno, vamos a ver que sale.

Os voy a contar sólo las cosas más importantes y algo resumidas porque ayer me puse a preparar una entrada en mi cuaderno y cuando llevaba dos página y media vi que no tenía sentido y que lo mejor era escribirlo directamente. Así que, como hoy os escribo desde Borneo, creo que lo mejor es que empiece a contaros cómo me van las cosas por aquí, y lo que hice antes de venir os lo contaré más adelante, que además no tengo aquí todas las fotos de antes de venirme.

Así que vámonos todos a Borneo.
En la isla de Borneo hay una parte que pertenece a Indonesia. Otra parte pertence a Malasia, en la que están dos de los trece estados malayos: Sabah al noreste y Sarawak al suroeste. Y entre estos dos estados, pegado a la costa, está Brunei. Os pongo un mapa para que podais ir mirando por donde voy.


Así que el martes 9 de septiembre Tomas y yo nos montamos en un avión con destino a Kota Kinabalu, en la costa oeste del estado de Sabah. Ya cuando íbamos sobrevolando Borneo y nos asomamos por la ventana nos pudimos ir haciendo una idea de lo que nos íbamos a encontrar.


Los primeros días los tenemos más o menos organizados con una agencia. Os cuento en resumen: en uno de mis paseos a Tourism Malaysia me pusieron en contacto con uno de los jefes de una agencia que tiene clientes en España para que me ayudaran a decidir qué era lo más conveniente visitar en Borneo. La verdad es que me han ayudado sin cobrarme nada más que una excursión que hicimos con ellos; la reserva del albergue en Kota Kinabalu, todos los consejos de qué visitar o la organización de mi viaje de la semana pasada en Sarawak con otra agencia no me lo han cobrado.

Así que aterrizamos en Kota Kinabalu, nos vamos al albergue en el que teníamos reservada la habitación, quedamos con el chico de la agencia (que es de Uruguay) y siguiendo sus consejos decidimos que al día siquiente nos vamos a ver el Parque Kinabalu y que el jueves nos vamos a ir a ver unas islas que hay allí cerca.

Esa noche nos damos un paseo para ver como es un poco la ciudad. Kota Kunabalu no tiene mucho, pero tiene un mercadillo nocturno que es de los que más me han gustado hasta ahora. Allí se vende el pescado que se ha recogido durante el día, fruta, verdura... y también tiene una parte en la que te puedes sentar a comer algo.


A la mañana siguiente nos vienen a recoger para ir al Parque Kinabalu y nos montamos en el minibus echando una peste a repelente de insectos que tira para atrás, por supuesto todo el mundo lo nota nada más entrar, fue gracioso.

La excursión estuvo bien, un poco turística pero aceptable. Ya sabéis que a mí me gusta viajar más a mi aire, pero el Parque Kinabalu no está pegado a Kota Kinabalu que digamos y si vas sólo
un día en autobus no da tiempo a ver todo lo que vimos. Estuvimos dando un paseo por el jardín botánico y por uno de los caminos del parque con explicaciones del guía sobre como usan las plantas los indígenas. Hacer una foto decente en la selva es un poco difícil, os pongo una que no es nada del otro mundo pero para que os hagáis una idea de lo lleno de plantas que está esto.


Después nos llevaron a ver lo que se considera la flor más grande del mundo. Es una planta que se llama Rafflesia y que según la especie tiene flores más o menos grandes, pero en todo caso mucho más grandes que una margarita.


Y para terminar fuimos a un sitio donde había unos baños termales y un Canopy walk, que consiste en colgar unos puentes entre los árbloes para que puedas dar un paseo por entre las ramas, es curioso.


Cuando nos bajamos de los árboles nos dimos un bañito en las piscinas de aguas termales del manatial que hay allí.


Otro paseito por Kota Kinabalu, una cena en el mercadillo nocturno y a la cama.

Al día siguiente nos fuimos a visitar tres de las islas que forman el Parque Nacional de Tunku Abdul Rahman muy cerca de Kota Kinabalu. Bueno, que deciros... mejor os pongo un par de fotos y ya os hacéis vosotros a la idea...



Espero que no esteis leyendo esto desde el trabajo para que no sea demasiado cruel.

Esta isla se llama Manukan, está bastante bien, para que nos vamos a engañar, pero es que el fin de semana anterior habíamos estado en otra isla llamada Tioman que nos había gustado también bastante y que en la parte que estuvimos nosotros está bastante poco explotada. Así que esta, como está bastante más preparada para los turistas y con más gente en la playa, pues no nos llamó tanto la atención.

Despues de comer en Manukan nuestro siguiente destino era la isla de Sulug.


Esta isla sí que nos gustó, sobre todo porque al contrario que Manukan, es una isla que está desierta; tu barco te deja allí y le dices al señor a qué hora quieres que te recoja. Aunque la playa no era la mejor porque tenía bastantes trozos de coral y piedrecitas... que gozada, imaginaros una isla para vosotros solos sin que os moleste nadie... a mí me encantó. Luego llegaron otros tres italianos pero la isla era lo suficientemente grande para los cinco.

Pero... no todo podía ser perfecto. Al rato estábamos los dos en el agua cuando a Tomas le picó algo en el pié. No sabemos con seguridad lo que fue, hay varias teorias pero ninguna segura del todo. Lo que sí es seguro es que Tomas tiene claro que en su vida no la había dolido nada tanto como eso, y Tomas no es precisamente un quejica que
digamos. El pié se le empezó a hinchar y como las descracias nunca vienen solas, por la mañana yo me había metido en el agua con el móvil y se me había muerto (muerto pero del todo, que me tuve que comprar otro por la tarde). Por supuesto ninguno de los italianos llevaba teléfono. Así que Tomas tuvo que esperar con el dolor durante más de media hora a que viniera la barca a buscarnos.

Cuando llegamos a Kota Kinabalu fuimos al hospital y allí le pusieron muchas inyecciones y por lo menos se le clamó el dolor. Os pongo una foto del día siguiente cuando ya tenía el pié menos hinchado... a ver si adivináis cual de los dos es.


Mientras tanto, yo me di un par de paseos al hostal a por el pasaporte y el seguro médico, y más tarde a por ropa porque lo mejor era que Tomas se quedara en observación por la noche.

Pero como hasta de las peores experiencias se puede sacar algo positivo, Tomas esa tarde experimentó lo que es la hospitalidad y la amabilidad de la gente de aquí. Cuando volví por segunda vez al albergue a por la ropa y para comprarme el móvil (20€, no os penséis) la mujer del matrimonio que lleva el albergue me dijo que como a las 7 ellos se iban y pasaban por allí que me podían llevar al hospital. Cuando llegamos al hospital la mujer se bajó del coche y dijo que quería entrar a saludar y ver por lo menos qué tal estaba, y mientras el marido se quedó esperando.

Habían trasladado a Tomas a planta y estuvimos buscando donde era. No es que el hospital fuera del terceer mundo ni mucho menos, pero para las camas, en lugar de habitaciones, lo que habían eran salas grandes con camas a los lados y algunas por enmedio, como las salas que salen en las películas. Así que depués de estar un rato con nosotros, la mujer nos dijo que ya que Tomas tenía seguro porqué no se cambiaba a una clínica privada para estar más cómodo. Entonces empezó a hacer llamadas a su marido y los dos empezaron a ver cómo podíamos hacer para que Tomas se cambiase sin que dijeran nada en el hospital. Mientras Tomas hablaba con el médico, el marido aparcó y subió por si hacía falta pero el médico no puso ningún problema y lo entendió enseguida. Entonces se pusieron a averiguar donde era el mejor sitio al que podíamos ir y nos llevaron en coche hasta allí, y eso sí que no les pillaba de paso porque estaba en la otra punta de Kota Kinabalu.

Incluso después de llegar a la clínica privada se quedaron un rato con nosotros hasta que les dijimos que si querían se podían ir a casa.

Imagino que sobran los comentarios, Tomas
estaba admirado de lo bien que se portaban con él sin apenas conocerle. La verdad es que en general la gente aquí es encantadora.

Al día siguiente Tomas se vino al albergue por la mañana, compró unas flores para Tommy y Veronica (sí, los dos son chinos, como habéis podido deducir), hicimos las mochilas y cogimos el avión a Miri, que está en Sarawak, en la costa muy cerca de Brunei.

Como era viernes, por la noche fui
al aeropuerto a buscar a Zuzana que llegaba desde Kuala Lumpur, mientras, Tomas descansaba en el albergue para tener el pie lo mejor posible el fin de semana para ir al Parque Gunung Mulu.

Pero esto ya os lo cuento otro día, vamos poco a poco...