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viernes, 18 de febrero de 2011
viernes, 20 de marzo de 2009
Karamuak
Después del fin de semana subiendo el Kinabalu, Zuzana se marchó el domingo por la tarde; y yo, antes de ir al viaje por el interior de Sarawak, tenía una semana de tiempo. Así que lo que hice fue, el lunes a primera hora por la mañana, ir a la Oficina de Turismo de Sabah para proponerles si me quieren patrocinar, total, como ya me he acostumbrado a pedir. Me reúno con una mujer allí y queda en llamarme en un par de días.
Decidí que por la tarde me marchaba a Sandakan para hacer fotos por allí. Me volví al hostal, recogí mis cosas y cogí el primer autobús que salía para allá. Por la noche estaba ya en Sandakan buscando alojamiento; encontré un hostal con un dormitorio común limpio a un precio razonable y a la cama.
El martes por la mañana me dediqué a planificar los días que tenía, así que fui primero a la Oficina de Turismo de Sandakan y más tarde a dar un par de vueltas por la ciudad buscando agencias de viajes para ver qué ofrecían. Así descubrí una agencia de un fotógrafo local llamado Cede Prudente, con el que hablé por teléfono y quedamos en vernos por la tarde.
En la Oficina de Turismo me dieron un poco de información de sitios cerca de Sandakan, sobre todo en cuanto a visitas a la Isla de las Tortugas, a Sepilok, el otro centro de rehabilitación de orangutanes, y a la parte baja del río Kinabatangan, una de las zonas con más diversidad animal de la región. Pero lo más importante que saqué de allí fue la dirección de las oficinas del Yayasan Sabah Group en Sandakan. Esta agrupación gubernamental es la encargada de, entre otras cosas, gestionar las áreas reservadas de Danum Valley, Imbak Canyon y Maliau Basin. Estas zonas, en el interior de Sabah, son las mayores reservas naturales del estado y visitar Danum Valley era una de las cosas que quería hacer.
Así que lo primero que hice al salir de la Oficina de Turismo fue irme a las oficinas de Yayasan Sabah Group. A estas alturas ya estoy más que acostumbrado a buscar patrocinadores debajo de las piedras, pero como ya había hablado con la Oficina de Turismo de Sabah en Kota Kinabalu, a lo que iba esta vez era a pedir información.
Llego, cuento mi eterna historia de que soy fotógrafo, y en un minuto estoy sentado en la oficina de un hombre muy majete llamado Barnabas que me dice que le cuente qué hago por allí. Así que le hago un resumen de las cosas que hago y entre todas las cosas que le comento, como es normal, le hablo sobre el viaje que voy a hacer patrocinado por la Oficina de Turismo de Sarawak y que he estado hablando con la Oficina de Turismo de Sabah… pero sólo como parte de la historia. No sé, debe ser que lo cuento muy bien, porque Barnabas empieza a decir que es muy interesante y que él lleva un programa de homestay en Karamuak, un pueblo en el alto Kinabtangan, y que es una promoción muy buena para él.
En cuanto me quiero dar cuenta, Barnabas ha llamado a las 6 personas de su departamento a su despacho y los veo allí a todos de pie, yo sentado enfrente de la mesa de Barnabas mientras éste les cuenta mi historia y les va preguntando que cuántos días creen que necesitaría para ver un poco como es lo que tienen montado en Karamuak. En un rato está todo decidido, al día siguiente por la mañana me voy a Karamuak, tres días, con todos los gastos pagados y tres personas para que me ayuden en lo que necesite. Pero si yo solo iba a pedir información…
También aprovecho para preguntar por las zonas protegidas, que es a lo que yo iba, pero para visitarlas bien es necesario demasiado tiempo y yo no lo tengo, así que tendrá que ser otra vez. De hecho, pregunté que si con una semana podría visitar la zona de Maliau Basin y la respuesta fue "te da tiempo a cruzarlo". Bueno, hoy por hoy, con el tiempo que tengo, tendré que dejar esta zona para más adelante.
Cuando salí de las oficinas de Yayasan Sabah Group me fui a las oficinas de la Isla de las Tortugas. Para visitar esa isla tenía dos problemas, el primero es que hay que reservar con bastante tiempo de antelación, cosa que yo no puedo hacer porque no sé qué día voy a estar dónde. Y el segundo problema es el precio. Ir al Turtle Island Park suele costar a partir de 120€ un solo día y una noche; además las agencias piden un mínimo de dos personas, con lo que a mí me toca pagar el doble. A veces se puede negociar algo el precio, pero en un destino tan solicitado... muy difícil. Así que mi única opción es que me dejen ir como fotógrafo a cambio de algunas fotografías. Después de hablar con dos personas me dicen que imposible. Que le vamos a hacer, no siempre puede salir todo bien.
De aquí me marché a la agencia del fotógrafo. Mientras le esperaba estuve viendo sus fotos, unos libros que tiene y sus postales, estaban bastante bien, la verdad. Cuando llegó me estuvo aconsejando acerca de qué era lo que más me podía interesar por allí. Después de hablar un rato pensé que sería bueno ir con él al hostal que lleva en la zona baja del río Kinabatangan a ver más animalitos. Así que después de que me dijera que me hacía un precio amiguete quedamos en que cuando volviera de Karamuak iría a su hostal.
Con estos planes para cuatro días, y viendo que no tenía mucho más tiempo para visitar más sitios por allí, decidí que después del bajo Kinabatangan me iría a Kota Kinabalu y que de ahí me iría a Miri, que es desde donde empezaba el viaje al interior de Sarawak. Como tenía un par de días más y necesitaba salir del país para poder estar más de tres meses (que es lo que se permite de estancia entrando como turista), decidí que en vez de volar desde Kota Kinabalu a Miri, iría a través de Brunei y así aprovecharía para conocerlo.
Así que al final del día ya tenía planeado todo lo que hacer hasta el viaje por Sarawak. Por la tarde me fui al cine con una chica que estaba en el mismo hostal. La oferta no era muy amplia y hay que descartar todo el cine asiático porque los subtítulos en malayo no sirven de mucho. Así que terminamos viendo una comedia romántica de la que ya ni me acuerdo del título, sólo recuerdo que me la esperaba peor. Por lo menos los cines eran decentes, además una tarde de cine siempre es un placer.
Al día siguiente temprano está todo preparado para la excursión; nos montamos en un todoterreno el conductor, las tres personas que vienen conmigo y yo, y nos ponemos en camino hacia Karamuak. Después de unos 120 km por carreteras entre plantaciones de palmeras, giramos y nos metemos por uno de los muchos caminos que se pierden entre las plantaciones.
En estos momentos es cuando te das cuenta de porqué Malasia es el segundo productor mundial de aceite de palma. No es algo que no hubiera visto antes, en varios vuelos por ejemplo, pero de alguna manera ir por carreteras y caminos durante tanto tiempo rodeado de plantaciones te hace ser más consciente.
Durante muchos años la industria maderera y las plantaciones de palma para aceite han sido las dos mayores razones de la deforestación en Malasia y, al viajar entre todas estas plantaciones, es difícil no pensar con asombro que alguna vez todo eso era selva.

Me resulta difícil pasar por este tema de puntillas sin decir nada. Los que me conocéis sabéis que me encanta la naturaleza, los animales en su propio hábitat... En fin, reconozco que me provoca cierta tristeza ver tanta superficie que ya no es selva. Y es que, ahora que os escribo desde Kuala Lumpur, os puedo asegurar que echo de menos la selva. Las pocas veces que he podido asomarme a la selva desde que he vuelto y he podido escuchar sus sonidos tímidamente... me ha vuelto a fascinar y me he sentido como en casa.
A lo largo del tiempo que he estado aquí, he hablado con varias personas sobre el problema de la deforestación, especialmente con Cede Prudente, el fotógrafo que conocí en Sandakan y que colabora con World Wide Fund for Nature (WWF). Así que, aunque tampoco tengo mucha información al respecto, después de escucharles a todos, mi opinión es que en la situación actual hay que entender estas industrias sin las que Malasia no podría mantener el nivel de desarrollo que tiene. Por lo que me han contado, el gobierno de Malasia ha desarrollado leyes para impedir que la deforestación continúe, estipulando áreas protegidas e impidiendo que la superficie de selva disminuya. Esperemos que así sea.
De vez en cuando le pedía al conductor que parase para bajarme a hacer alguna foto, como iban por mí, pues siempre que lo pedía, el hombre paraba o daba la vuelta para llevarme a donde le decía. Así, tras un largo camino atravesando zonas de plantación y selva, llegamos al área que gestiona este departamento del Yayasan Sabah Group. Pero... ¿A qué se dedica exactamente el Yayasan Sabah Group?
Esta organización nació para regular la industria maderera en el estado de Sabah de manera que toda la población se beneficiara de ella, especialmente impulsando la educación. Pero hoy en día su actividad no se limita a este sector; actualmente sus diferentes departamentos se dedican también a la conservación de las áreas protegidas, a las plantaciones de palma, el gas, el petróleo o biotecnología entre otros sectores. En esta área, a través del Community Forestry Centre que tienen en Karamuak, se dedican a dos actividades fundamentales: el ecoturismo y, sobre todo, a ayudar a las poblaciones cercanas a sobrevivir en las nuevas condiciones en las que se encuentran. Estos pueblos vivían de la selva y de los recursos que el río les proporcionaba, pero hoy en día el entorno no es el mismo de antes, y han tenido que adaptar sus costumbres a los nuevos recursos como las plantaciones de palma para aceite.
Ese primer día me enseñaron las instalaciones que tienen en varios sitios, todo ello bastante bien preparado y en lugares muy agradables.

También me llevaron a un lugar donde hay unas pequeñas cascadas y donde la gente va a bañarse, aunque no os creáis que había sitio para hacer muchos largos.
Y finalmente llegamos a Karamuak, donde nos esperaba la mujer que lleva la organización allí. Me dieron la llave de mi cabañita y enseguida me enseñaron lo que tienen preparado y para qué lo utilizan.
En ese centro tienen unas aulas en las que, por un lado, enseñan a la gente de los pueblos cercanos cómo aprovechar los nuevos recursos y les proporcionan una educación básica; y por otro lado enseñan a los visitantes como es la zona y como se gestiona.

Es allí donde también tienen los alojamientos para el programa de homestay. Estos programas, que se pueden encontrar en bastantes sitios de Malasia, intentan estimular el turismo rural activo. Consisten en visitar algún pueblo y pasar unos días en contacto con la gente, viendo sus costumbres y disfrutando de su hospitalidad. La gente en Malasia es muy amable, y eso se acentúa más todavía en las zonas alejadas de Kuala Lumpur. Normalmente consisten en alojamientos básicos en pueblos más o menos pequeños en los que se preparan una serie de actividades. Además, como es lógico, es una de las mejores maneras de disfrutar de la auténtica gastronomía popular.
Me enseñaron los diferentes alojamientos que tienen, a los que les iba haciendo fotos, y me dieron un paseo por el resto del centro. Aunque el sitio no está en medio de la selva, ni mucho menos, para un paseo sí que está bien.

Karamuak está bastante en el interior y, aunque se pueda llegar por carretera o ya no esté en medio de una selva frondosa, pareciendo que está más desarrollado que otros pueblos, sigue teniendo sus limitaciones. Por ejemplo, esta chica estaba esperando un mensaje en el móvil.

Los móviles están colgados ahí porque es uno de los pocos sitios donde, de vez en cuando, hay un poco de cobertura. Aun así, después de un cuarto de hora se fue como había venido, sin mensaje y dejando el móvil ahí colgado, que es donde están todo el día a no ser que llueva.
Por la tarde, como tenía un poco de tiempo libre antes de la cena y desde el coche había visto un sitio desde el que me parecía que se podía ver un bonito atardecer, me fui para allá dando un paseo.
Llegué allí antes del atardecer y en la puesta de Sol me dedique a hacer unas pocas fotos. Es una pena que no hubiera más nubes, porque el sitio era bonito y tranquilo. Aunque no fue el atardecer más espectacular de la historia, pasé un muy buen rato allí.

Poco después, y antes de que se hiciera de noche, me volví al centro para cenar. Una de las chicas que vino en el viaje era la cocinera, aunque imagino que se dedica a hacer más cosas. No era la única que cocinaba, siempre había alguien que la ayudaba, pero os aseguro que tenía mano para esto de la cocina. No es que hiciera nada sofisticado, imagino que todos los platos que preparó durante los días que estuve allí eran platos normales para ellos, pero de verdad que estaban todos buenísimos.
Al día siguiente nos fuimos a hacer una excursión por la selva por uno de los caminos que hacen habitualmente con la gente que va allí. Cerca de Karamuak está el monte Tingkar (esta vez son solo 768 metros de altitud), en cuya cima en 1962 se estrelló un helicóptero y el piloto y el geólogo tuvieron que bajar andando hasta Karamuak. Es el que se ve en la foto del atardecer.
Se tarda en subir entre 2 horas y media y 3 horas. A mí no me pareció excesivamente duro, aunque también es verdad que las dos últimas semanas había hecho bastante ejercicio. Eso sí, de todas las rutas que había hecho hasta el momento esta era la más "auténtica" de todas. Tanto en el Parque Mulu como en el Kinabalu, los caminos están muy transitados y se puede seguir fácilmente un sendero. Este camino está más virgen, de hecho los chicos que iban primero llevaban un machete con el que de vez en cuando iban apartando las plantas que habían invadido el camino, de todas formas tampoco os penséis que era algo tipo Indiana Jones.

Después de tres horas subiendo y parándome a hacer fotos llegamos a la cima. Allí sacaron la comida y nos sentamos al lado del helicóptero a disfrutar de la comida y las vistas.

Cuando llegamos a Karamuak, de nuevo empapado en sudor, por supuesto, me di una ducha y me senté a descansar un rato en la terraza de la cabañita que me habían dado. A mí me parece que me dieron una de las mejores.

Esa tarde me llevaron a conocer a los "alcaldes" o los "jefes" del pueblo. Según me contaron, hay dos jefes que van rotando y que se encargan de diferentes aspectos, tanto del pueblo como en relación con las instituciones o de tomar decisiones para solucionar pequeños problemas de la gente del pueblo.


Además de estas dos personas, también me presentaron a una tercera, según me dijeron era el dueño de las plantaciones y el que se encargaba de mejorar los caminos de acceso o de algún otro proyecto pequeño.

Yo creo que se ve la diferencia.
Después de eso nos fuimos a cenar. Aquí, igual que pasaba en la Longhouse Iban, cuando se preparaba la cena, yo era el primero y después de que comiera yo comían los demás. Por supuesto yo les decía que no era necesario y que prefería que comieran conmigo. Esa noche les dije que prefería que cenásemos todos juntos porque era mi cumpleaños y me gustaría celebrarlo con ellos aunque sólo fuera cenando. Como esa noche al generador le había dado por no funcionar, tuvimos una agradable cena de cumpleaños a la luz de las velas.

Es gracioso, recuerdo como cuando estábamos terminando la cena les escuchaba al final de la mesa hablando entre ellos para cantarme el cumpleaños feliz, pero tenían problemas para recordar mi nombre (aquí, normalmente en este tipo de viajes, la gente te llama "señor"), cosa que me ocurre bastante a menudo por aquí. Así que al final debe ser que les dio vergüenza y no me lo cantaron. A mi me hizo la misma ilusión que si me lo hubieran cantado.
Al día siguiente me enseñaron lo que ese departamento del Yayasan Sabah Group ha hecho en el pueblo. Gracias a ellos ahora en Karamuak hay, entre otras cosas, un pequeño embarcadero de fácil acceso, una iglesia (os sorprendería la cantidad de pueblos indígenas de Sabah y Sarawak que son cristianos), un pequeño centro de salud y varios colegios para niños y niñas de distintas edades.


Después del paseo por karamuak me llevaron a pescar por el río Kinabatangan, bueno, más bien a enseñarme como pescaban, a mí esto de pescar tampoco es que me emocione. También me enseñaron un puente que habían construido sobre el río Kinabatangan y me llevaron a otro pueblo donde también estaban haciendo algún proyecto.
Después de la comida ya no quedaba tiempo para más, así que recogimos nuestras cosas y nos marchamos de vuelta a Sandakan para que a mí me diera tiempo a estar antes de las 6 en la agencia de Cede Prudente.
Durante esos tres días que pasé en Karamuak, desde luego que no he visitado los lugares más espectaculares de Malasia, pero sí que he vivido una parte del país que te pierdes si solo vas visitando los sitios típicos, he conocido a gente encantadora y, sobre todo, me lo he pasado genial. Además, visto desde la distancia y con tiempo, como lo veo ahora, y mientras os lo cuento aquí, lo aprecio más todavía.
Así que si algún día pasáis por aquí y os apetece pasar unos días diferentes y tranquilos, os lo recomiendo.
jueves, 29 de enero de 2009
Parque Nacional del Kinabalu
Este es el otro Parque Nacional de Malasia que, junto al Gunung Mulu, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En él se pueden hacer muchas cosas, como las que hicimos Tomaš y yo cuando vinimos la primera vez. Pero entre todas esas cosas, hay algo que es lo más importante que puedes hacer en el Parque Nacional del Kinabalu. Y es que el Kinabalu, con sus 4095 metros de altitud, es el pico más alto del Sudeste Asiático, o eso dice en muchos sitios, aunque según donde mires viene hasta el cuarto en esta clasificación.
A Zuzana y a mí nos gusta mucho subirnos por las montañas como las cabras, así que, cuando Zuzana supo que venía a trabajar a Malasia e investigó un poco sobre el país y enseguida encontró que una de las cosas que quería hacer era subir el Kinabalu. Entonces decidimos que cuando Zuzana tuviera algún puente lo intentaríamos.
Como ya os comenté, el año nuevo musulmán (el Hari Raya), que coincide con el final del Ramadán, es una de las fiestas más importantes del año musulmán… no me extraña, con lo comilón que soy, si a mi no me dejaran comer durante el día durante un mes, también celebraría el día que se terminara el Ramadán. Evidentemente el Hari Raya, en un país musulmán como es Malasia, implica unos días festivos a nivel nacional, más exactamente dos días festivos, que este año caían en miércoles y jueves. Justo el jueves anterior a Zuzana le dijeron que tendría el viernes del puente libre y me llamó para preguntarme a donde se sacaba el billete para ir esos cinco días.
Yo el Hari Raya lo iba a pasar en Kuching con Nadim, el fotógrafo, que me había invitado a ir a su barrio a ver como se vive allí. Zuzana me llamó por teléfono con la suerte de que justo ese día era el que yo estaba muriéndome en los Pináculos. Digi, la compañía de móvil que tengo yo no tiene cobertura allí, como en muchos otros sitios, pero aunque la hubiera tenido no creo yo que hubiese tenido fuerzas para sacar el móvil del bolsillo.
Así que Zuzana no pudo contactar conmigo y reservó el billete con lo que ya habíamos hablado antes, que subiríamos el Kinabalu. Cuando volví a los dos días a las oficinas del parque me encuentro por un sendero a una de las chicas que trabajan en el parque y me dice: "ha llamado Zuzana y ha dicho que ahora está en Singapur y que el miércoles llegará por la mañana a Kota Kinabalu". Así que nada de Hari Raya en Kuching y en su lugar me voy a subir el Kinabalu. ¿Veis? Otro cambio de planes, si es que no se puede planear nada.
Llamo a Anddreas para ver cuando ponemos el viaje al interior de Sarawak, Zuzana y yo nos ponemos en contacto, como podemos, entre Mulu y Singapur, y quedamos que en cuanto Zuzana llegue el domingo a Kuala Lumpur me reserva un billete para ir a Kota Kinabalu.
Una vez en Kota Kinabalu me pongo a buscar alguna manera de reservar todo lo que hay que reservar para subir el Kinabalu, pero claro, un puente como ese… imposible, está absolutamente todo reservado para los tres días en los que podríamos subirlo.
Aun así, Zuzana y yo decidimos que nos vamos al Parque el viernes por la mañana en el primer transporte que haya para que nos pongan en la lista de espera por si alguien falla y se queda alguna plaza libre.
Para descansar un poco antes de subir la montañita, decidimos que el miércoles nos damos un paseo por Kota Kinabalu para ver como es eso del Hari Raya. La gente se viste con trajes típicos, hombres y mujeres, y la ciudad se llena de colores vivos y de vida vayas por donde vayas. Además hay muchas celebraciones en las que los invitados se pone sus mejores galas.

También decidimos que el jueves nos vamos a las islas esas que todos conocéis cerca de Kota Kinabalu. Como yo ya he estado y además quiero pasar el día con Zuzana sin tener que preocuparme de si hago una foto aquí y ahora otra allí, me doy el día libre a mí mismo y me dejo la cámara en el albergue. Obviamente, como no tengo la cámara, cuando estamos en la isla de Sulug (la isla "desierta" del pié de Tomaš), vemos al lado de las mochilas una lagartija preciosa a la que no le puedo sacar una foto decente. Bueno, por lo menos os dejo un video hecho con la cámara compacta que usa Zuzana en su trabajo, para que veáis un poco la isla y a la lagartija.
Esa tarde, volviendo de las islas nos llovió lo que no está en los escritos. Como ya estábamos empapados del barco de vuelta, decidimos volvernos andando, bueno, mejor dicho corriendo, desde el puerto al albergue. Muy divertido, cruzar la calle significaba que te cubriera por encima de los tobillos.
Al día siguiente a las 7 de la mañana estamos como un clavo, bueno, como dos clavos, en la estación de autobuses preparados para coger lo primero que salga hacia el Parque Kinabalu.
En cuanto llegamos al Parque nos vamos a la recepción y preguntamos si hay alguna cama libre en algunos de los refugios que hay en la montaña, pero… nada, todo está completo, y sin tener sitio en uno de los refugios no está permitido subir. Casi todo el mundo ha llegado ya y no quedan muchas plazas por cubrir, pero de todas formas nos apuntamos los primeros en la lista de espera. Además la mujer que es la jefa del control del alojamiento es una de esas personas frías a la que por mucho que le digamos que por favor, que si podemos dormir en la cafetería en el suelo, que no nos importa, no se le cambia la expresión de la cara ni a tiros.
Se supone que la gente llega antes de las 10, pero tenemos que esperar hasta las 12 por si acaso hay algún retraso. Esperamos una hora y volvemos a preguntar… nada. Como de esa mujer no vamos a sacar nada, intento preguntar a otra persona. Así que en cuanto la jefa está atendiendo a otras personas yo me acerco a preguntar a otra chica, que parece más maja, si alguien ha fallado, aunque ya sé que no, porque estamos los primeros en la lista de espera y si no, nos hubieran avisado. Cuando me dice que no ha habido ninguna cancelación le pregunto si no hay otra manera de conseguir subir aunque no haya plazas. Ella me dice que ellos no pueden hacer nada, que si acaso tiene que autorizarlo el jefe de los guardas forestales. Eso es lo que yo quiero saber, quién es el que nos puede dejar subir porque puede decidirlo por sí mismo.
Me voy a la ventanilla donde se pagan las tasas del parque esperando un momento en el que no haya nadie en la cola para preguntar por el jefe, pero siempre hay alguien pagando algo. Me voy a otra entrada de la oficina y ya alguien viene a ver que es lo que necesito. Entonces allá voy otra vez, saco mi tarjeta y suelto el discurso que tan bien me tengo aprendido: "Soy un fotógrafo español...". Llaman al jefe de los guardas y hablando con él me entero que de que hay una agencia que gestiona la via ferrata del Kinabalu y que tienen varias plazas reservadas para ellos, que vaya a hablar con ellos a ver si nos ceden alguna de las que tienen.
Vamos a la oficina de la agencia y nos dicen que sí que tienen alguna plaza pero que tendríamos que contratar alguna actividad con ellos. Bueno, la cosa va mejorando, por lo menos parece que podremos subir. Cuando estamos saliendo de la oficina de la agencia me suena el teléfono, son de la oficina, ha habido una cancelación de última hora de dos personas. ¡Bien!
Hablamos con la chica de la agencia que ha tenido la cancelación y nos quedamos las dos camas, pagamos las tasas, buscamos un grupo para unirnos y compartir los gastos del guía y del transporte hasta el punto de salida (se puede empezar desde las oficinas pero creedme que no es necesario, ya es suficiente el camino normal) y nos ponemos en camino.
La subida al Kinabalu. La opinión general es que es menos dura que los Pináculos, pero que también es muy exigente. Se empieza a subir desde los 1866 metros de altitud y ese día se hacen 6 kilómetros hasta los refugios, que están a 3272 metros (no hagáis la resta, ya os lo digo yo, son 1406 metros de desnivel). El segundo día se sube hasta la cima, pero con un pequeño detalle, se sube para ver el amanecer desde lo más alto del Kinabalu a casi 4100 metros sobre el nivel del mar (si tienes suerte y no está nublado, en el Kinabalu nunca se sabe), así que se empieza a subir alrededor de las 2 y media de la mañana, sí, habéis leído bien las DOS y media de la mañana. El objetivo es cubrir en algo menos de 3 kilómetros los 823 metros de desnivel restantes para estar arriba a las 5 y ver el amanecer. Después de eso se baja hasta los refugios, se come allí y se continúa hasta el principio del camino, en total 2229 metros de bajada.
Pues nada, vamos allá.
Durante el primer día se van atravesando los diferentes tipos de vegetación que hay en el Kinabalu. Se empieza en la selva y según se va ascendiendo el tiempo se vuelve más fresco y la humedad va descendiendo, la selva se va convirtiendo en bosque poco a poco, y a su vez el bosque va siendo cada vez menos frondoso hasta dejar paso a la vegetación de matorral de alta montaña. Las nubes aquí son muy cambiantes, se mueven muy rápido, y lo más probable es que durante la ascensión las superes y contemples todo tipo de imágenes como resultado de los juegos entre ellas y el Sol.
El camino no tiene pérdida, es fácil de seguir, el único problema que tiene es que el que lo construyó, o debía ser muy alto o no tenía muchas ganas de trabajar, porque los escalones que hay a veces te llegan a la altura de la rodilla. Durante la ascensión te vas cruzando con la gente que baja después de hacer cima (o no). Nosotros, con todo el lío de encontrar el alojamiento, hemos empezado a subir bastante tarde, así que nos vamos cruzando con los que bajan en último lugar. Se les ve cansados y nos vamos dando cuenta de que el paseo es largo.
A mitad de camino paramos a comer el paquete de picnic que te ha preparado la agencia, y durante la subida también paramos varias veces. Es muy interesante, hablas con la gente, de donde viene cada uno, porqué están viajando. En esta parte del mundo, en el Sudeste Asiático, hay mucha gente que viaja por periodos de tiempo más o menos largos, de entre un par de meses hasta varios años. Imagino que si vienes con un viaje organizado será más difícil encontrarte con ellos, pero si te sales un poco de los más convencional (y no digo mucho) os sorprenderíais la cantidad de gente que hace estas cosas.
Finalmente, por la tarde, llegamos a "Laban Rata", el refugio donde tenemos reservadas las camas. El paquete con la agencia incluye las comidas en el refugio para la cena ese día y la comida del día siguiente después de bajar de la cima. Las dos son tipo bufet libre, creedme que se agradece, y no porque sea yo, que si que me gusta comer, pero recuperar energías de la subida y prepararse para lo que espera al día siguiente es bastante importante.
Laban Rata, junto con otros refugios, se encuentra en la zona en la que prácticamente todos los excursionistas que suben el Kinabalu hacen noche. Son unas casas de madera en un lugar privilegiado. Después de cenar te puedes salir a la terraza a disfrutar del atardecer a más de 3000 metros de altitud.

Poco después nos vamos a dormir. Aunque es un poco pronto (a lo mejor las 8 ó las 9), no es demasiado difícil dormirse, el día ha sido largo y estamos cansados.
Dos de la mañana, que sueño.
Tras separarnos de la cama como podemos y abrigarnos lo mejro que podemos, nos reunimos con nuestro grupo y con el guía y salimos hacia la cima. El día anterior, como yo estaba "entrenado" de la semana anterior en Mulu, y Zuzana estaba algo más desentrenada por el trabajo de oficina, decidimos que yo llevaría la mayoría de las cosas en mi mochila. Esa mañana sólo cogimos una mochila pequeña con lo necesario para subir, así que Zuzana dijo que la llevaba ella. Bueno, sin el peso de la mochila, sólo con los casi 5 kilitos de la cámara y objetivos, he de reconocer que iba como nuevo, como una cabritilla saltando entre las piedras, como un niño corriendo de un lado para otro. Había una zona con cuerdas para ayudarse a subir… pues yo sin cuerdas y corriendo, parándome a cambiar objetivo y ver si puedo hacer alguna foto. Mi cámara trabaja muy bien con poca luminosidad, pero cuando es de noche… pues no hay mucho que hacer.

Zuzana estaba bastante cansada y gracias al guía consiguió seguir subiendo. Yo le cogí la mochila y entonces dejé de correr como las cabritillas, aunque aun así iba bastante mejor que cualquier otro día.
Al final llegamos a la cima del Kinabalu, 4095 metros, y nos hicimos la foto de rigor, por supuesto.

Lo habíamos hecho bastante bien, incluso diría que llegamos de los primeros. Cuando llegamos, aunque el cielo empezaba a clarear, todavía era de noche, así que buscamos un sitio para descansar y resguardarnos del viento. Por que claro, imaginaos, el pico más alto del Sudeste Asiático, no hay nada en miles de kilómetros a la redonda que pare el viento. Además, vale que estamos en el trópico, pero 4000 metros... es ya bastante alto. ¡Que frío! Por mucho que te resguardaras simpre tenías algo de viento, y con la camiseta empapada de sudor, claro.
Pasado un rato empezó a salir el Sol y contemplamos el amanecer desde la cima del Kinabalu.
No os creáis que hacer esta foto es sacar la cámara y hacerla. Con el frío que hacía en cuanto te sacas las manos de los bolsillos se te quedan congeladas, y cuando llevas medio minuto haciendo fotos, con el viento helado, ya no sientes nada. Llegó un momento que hacía las fotos con el dedo corazón porque con el índice ya no tenía ninguna sensibilidad y no sabía donde estaba el disparador.
Pasado un rato comenzamos el descenso. Bastante mejor que la subida, además, como se sube de noche y se baja de día, es completamente diferente. El macizo del Kinabalu es relativamente pequeño, es como un monte aislado en medio del resto de la isla de Borneo, así que las vistas son impresionantes.

A las 10 de la mañana estábamos de nuevo en Laban Rata y, como teníamos tiempo de sobra, decidimos que en vez de bajar inmediatamente preferíamos comer tranquilamente, dormirnos una siesta de una hora y luego bajar el resto del camino.
Así lo hicimos. Durante el camino de vuelta a las oficinas del parque, como nos ocurrió a nosotros el día anterior, nos íbamos cruzando con todos los valientes que se dirigían hacia los refugios para subir a la cima al día siguiente. Siempre intentábamos darles ánimos y hacerles ver que se puede conseguir.
Otras personas con las que te sueles cruzar mientras bajas de los refugios a las oficinas, es con los porteadores. Como os dije antes, las comidas en Laban Rata son de tipo Bufet, y todos los días hay bastante gente subiendo el monte Kinabalu, así que alguien tiene que subir todo eso, y desde luego en coche no se puede subir nada. Los porteadores locales, hombres y mujeres, llevan enormes mochilas o paquetes a la espalda, y suben con el calzado que tienen: chanclas, alpargatas, lo que sea. Así que, cuando te cruzas con ellos, te das cuenta de que podría ser mucho más duro.
Finalmente llegamos al principio del camino y cogimos la furgoneta que va bajando la gente hasta las oficinas. Allí te espera otra comida de bufet para recuperar las fuerzas que te has dejado en la montaña durante dos días. Después de comer, nos volvimos a Kota Kinabalu con otros chicos que habíamos conocido durante la subida y la bajada en los dos días.
En Kota Kinabalu, esa misma noche, nos dimos una sesión de masaje de pies y piernas que nos vino de maravilla. Y al día siguiente otra ración de islas para terminar de recuperar antes de que Zuzana volviera a su trabajo el lunes y yo me marchase a seguir con mis excursiones.
Una última cosa, si alguno os estáis planteando subir el Kinabalu, tenéis que saber que hay otra opción a hacerlo como lo hicimos nosotros, o como lo hace todo el mundo. Todos los años se celebra un evento que se llama la Climbathon y que ya os podéis imaginar de qué se trata. Es una carrera que consiste en subir y bajar el Kinabalu, corriendo, está claro. En total son 21Km, es como una media maratón pero con un poco de cuesta, de hecho, si lo pensáis el desnivel acumulado es incluso negativo (según el mapa de la carrera). La gente se lo hace en poco más de dos horas y media, así que tampoco debe ser tan difícil.
Así que venga, ¿quién se anima?
viernes, 21 de noviembre de 2008
Las actividades en Kuching
Muy bien, ya sabéis que he estado dos veces en Gunung Mulu y que entre medias he hecho las actividades que tenía programadas con la agencia, esas que os comenté por primera vez hace mucho tiempo cuando os empecé a escribir sobre Borneo.
¿Y qué son las actividades esas? Pues visité un centro de rehabilitación de orangutanes, estuve como dos días y dos noches en una aldea Ibán y visité un día el Parque Nacional Bako. A Bako volví más tarde con Zuzana porque así también lo podía ver ella y a mí un día sólo se me quedó un poco corto, así que sobre Bako os cuento otro día.
El centro de rehabilitación de orangutanes se llama Semenggoh y está cerca de Kuching. En malayo, como en la mayoría de los idiomas, se llaman igual, pero se escribe separado: orang-utan, y es que en malayo "orang" significa "hombre" y "hutan" significa "selva", así que ya sabéis de donde viene el origen de la palabra orangután. Los orangutanes vivieron hace mucho tiempo en una amplia zona del sudeste asiático, pero ahora sólo pueden encontrarse en las islas de Borneo y Sumatra. Durante muchos años los orangutanes han sido cazados por los pueblos indígenas por su carne, por sí misma esta no es una razón para la disminución de su población, pero unido a los incendios, la deforestación por la industria maderera y las plantaciones de palma de aceite y su caza para souvenirs o el tráfico ilegal de mascotas, todo junto hace que los orangutanes hayan ido desapareciendo. Hoy en día los orangutanes son una especie protegida.
En Malasia hay dos centros de rehabilitación de orangutanes: Semenggoh en Kuching, en Sarawak, y Sepilok en Sandakan, en Sabah. En estos centros se reeduca a los orangutanes que son encontrados en cautividad para su reinserción en la selva y también son un punto de información y acercamiento para que la gente aprenda sobre los orangutanes. Pero existe una controversia en cuanto a su funcionamiento. Estos centros no están cerrados, sino que están abiertos a la jungla, y tienen unas horas de alimentación para los orangutanes, así que si los orangutanes tienen hambre vienen a esas horas a comer. Esto hace que los detractores lo vean como una atracción turística haciendo que los orangutanes que van a comer habitualmente pierdan sus hábitos de alimentación natural en la selva. Yo creo que las cosas no son blancas o negras. Es verdad que a las horas de alimentación es un poco como un espectáculo para los visitantes, pero hay orangutanes que por diferentes motivos no pueden ser reinsertados porque no se adaptan a los grupos de orangutanes salvajes; esto ocurre por ejemplo con orangutanes que han pasado demasiado tiempo en cautividad. Así que esos orangutanes pueden vivir en libertad con el apoyo de los centros de rehabilitación, ya que de otra manera morirían en la selva. Y si con esto se puede recaudar fondos gracias a las entradas o souvenirs, pues tampoco me parece tan mal.
De ahí nos marchamos a la aldea Ibán. Cuando pedí a la agencia en Kuala Lumpur que me lo preparara les dije que prefería ir sólo y no con un grupo de turistas, aunque tuviera que pagar más, porque lo que quería es hacer fotos de su vida normal y no de como se comportaban delante de los turistas. Así que después de cuatro horas en coche y media hora en una barca río arriba llegamos allí. Este sí que era mi primer paseo en canoa, y es de las cosas que más me han gustado, ir en la canoa de madera larga y estrecha por el río en medio de la selva.

Los Iban, como muchos otros pueblos en Borneo, viven en aldeas donde la construcción principal se llama "Longhouse". Una Longhouse, como su propio nombre indica, es una casa muy larga, y el concepto viene siendo asimilable a lo que nosotros llamamos "chalet adosados". Imaginaos una Longhouse vacía por dentro y la dividís a lo largo en dos partes (tenéis dos partes largas y estrechas); ahora una de esas dos partes alargadas la dividís en muchas otras partes (como los chalets adosados) y la otra la dejáis vacía. Pues eso es más o menos una Longhouse, muchas viviendas unifamiliares en un mismo edificio, normalmente de madera, que comparten una zona común. Esta es la zona común de la Longhouse que estuve visitando.

Esta zona está relativamente resguardada del calor y a salvo de la lluvia, y por las puertas entra luz para poder trabajar en ella. Aquí es donde se sientan, para hacer las alfombras, cestas y otros objetos que luego utilizan para su vida normal o para vender como objetos de artesanía.
También es la zona de relación social, cuando no tienen otra cosa que hacer se sientan aquí a hablar entre ellos o simplemente para estar tranquilamente. Esta gente no sabe lo que es el estrés, y lo digo en el buen sentido, no como crítica, y en general son menos expresivos que nosotros, imagino que por su modo de vida. Muchas veces podría parecer que están aburridos, pero simplemente están ahí, viendo pasar la vida. A veces me pregunto qué pasará por sus cabezas en esos momentos, en qué piensan... no me puedo hacer a la idea, no sé cómo es su perspectiva de la vida, sus necesidades, sus ideas o cuales serán sus preocupaciones; porque desde luego no son las notas que saca el niño en el colegio, la hipoteca, el seguro del coche, las próximas vacaciones, la política... la crisis económica mundial...


Y desde luego me niego a pensar que durante tantas horas su pensamiento sea algo así como "va a llover". En serio que me fascina la facilidad que tienen para llevar una vida sencilla; claro que eso es porque yo estoy acostumbrado a la vida en Madrid o ahora todo el día para arriba o para abajo. Probablemente ellos pensarán que cómo podemos llevar nosotros una vida así con relativa facilidad, porque desde luego nuestras vidas tiene infinitas más preocupaciones que las suyas.
Esa tarde estuve haciendo fotos casi todo el rato y por la noche hicieron una representación de la danza típica que hacían cuando los guerreros volvían a la aldea después de cortar unas cabecitas o simplemente después de una larga expedición. Mira que les dije que no hacía falta que actuaran delante de mí, que no tenían que hacer nada que no quisieran... pues nada. La sensación de "tenemos que hacerlo" que tenía durante el baile era continua. Primero hizo la danza el hombre y luego una chica, los dos bastante interesante, sí, y puedo entender que me viniera bien por las fotos, vale; pero que luego me sacaran a mí y al guía, nos pusieran un gorro con plumas a cada uno y nos pusiéramos los cuatro a bailar en círculos.... eso sobró de todas, todas. El único que se reía era el guía porque le importaba un pimiento. A petición popular aquí tenéis, una foto mía, para que no os quejéis os pongo una con el gorro de plumas en la cabeza. Podéis ver la cara de entusiasmo que tiene el hombre, creo que la chica y yo hicimos lo que pudimos.

Al día siguiente por la mañana nos fuimos río arriba para ver alguna de las cosas que hacen. Primero recolectaron cañas de bambú, recogieron una grande y varios brotes jóvenes para cocinarlos en la cena.

Llegamos a una zona en la que había un pequeño río con agua más clara y estuvieron pescando un rato para ver si cogían algo para la comida. Cogieron tres peces pequeños con la red, y buceando con unas gafas un poco antiguas y un arpón un poco rudimentario uno de los chicos pescó una gamba de río. Todo esto se pone en una rama y listo para cocinarlo en un rato.
Así que con eso y con lo que habían llevado desde la aldea prepararon la comida de una manera muy interesante. El menú era: algo de carne, los peces que acababan de pescar (y otros llevados de casa) y, por supuesto, arroz. Todo esto se prepara al lado del río con lo que la madre naturaleza te pone a disposición en su gigantesca cocina. ¿Por qué utilizar una cazuela cuando puedes utilizar una caña de bambú para cocinar el arroz y la carne?. Receta de arroz a la caña de bambú: Coge una hoja grande que has secado previamente y envuelve en ella el arroz. Reservar.

Vamos con la caña de bambú que acabas de coger en la selva. Córtala en tramos más pequeños teniendo cuidado de dejar un nudo en uno de los extremos. Ahora mete las hojas secas rellenas de arroz dentro de las cañas de bambú.

Ve al río más cercano, coge agua limpia y rellena los tramos de bambú. Cocinar a fuego moderado en la hoguera que acabas de hacer.

Una vez cocido el arroz, abre la caña de bambú con tu machete y sírvete, con la mano, claro, la cantidad que desees para acompañar la carne que has cocinado de la misma manera y el pescado que has hecho a la brasa.

Como os había dicho, el guía había llevado más pescado porque obviamente sabía que no iban a pescar suficiente para que comiéramos él, el hombre que nos llevaba, sus tres hijos y yo.
De vuelta en la aldea, seguí haciendo fotos de la gente hasta que vinieron a enseñarme un par de cosas: cómo utilizan la cerbatana y las peleas de gallos. Lo de la cerbatana bastante interesante porque me pareció bastante fácil y preciso, con lo inútil que soy yo en temas de puntería acerté las dos primeras y la tercera me salí por muy poco.

No os quejaréis ¿eh?, dos fotos mías en el mismo día.
Las peleas de gallos son una tradición que ahora es ilegal en Malasia, especialmente si hay apuestas de por medio. Las peleas de gallos sólo pueden hacerse con un permiso especial que se concede para algunos festivales o para demostraciones turísticas como en este caso, pero deben pararse antes de que uno de los dos gallos salga herido, o lo antes posible, claro.
Siempre que veo esta foto no puedo evitar pensar que es el gallo "Trinity" de Matrix y mi cabeza intenta ponerse a girar alrededor de los gallos voladores.
De todas formas, las peleas de gallos ilegales siguen siendo una realidad en Malasia, es cuestión de buscar, pero puedes gastarte tu dinero en las peleas de gallos todas las semanas.
Poco más tarde nos fuimos a cenar. En este tipo de visitas el guía lleva comida para los turistas y para la familia que los "acoge", aunque en mi caso yo no dormía en la vivienda de la familia, sino en otra caseta al lado de la Longhouse. El guía cocina ayudado por gente de la familia y se hacen varios platos para todos. Esa noche cocinaron los brotes de bambú y los platos habituales: arroz, pollo al curry, verduras fritas... Durante mi visita, se preparaba la comida, se ponía toda en el suelo y siempre era yo el que empezaba a comer el primero. Imagino que en el caso de un grupo de turistas primero comen los turistas y luego la familia, pero en mi caso empezaba yo y al rato iban viniendo los demás. Esa noche el guía les dijo que si podíamos comer todos juntos, yo lo prefería, pero aún así fui yo el que se sentó primero y empecé a comer antes que ellos.

En Malasia (como otros sitios) mucha gente come con las manos, bueno, mejor dicho, con la mano derecha. Pero no os creáis que sólo lo hacen en casa o en los restaurantes cutres de barrio, es así incluso en las bodas (en las bonitas, como la que os puse hace tiempo), así que no os penséis que es cosa de los Ibán o de los indígenas. Eso sí, lo que no vais a ver ni de coña, a no ser que vayáis a un sitio especial, es un cuchillo; aquí se come todo con tenedor y cuchara. De hecho yo lo primero que voy a hacer en cuanto llegue a casa es tirar todos los cuchillos a la basura. O si no al primer malasio que venga a visitarme le voy a llevar al Cuarto y Mitad a comer un chuletón y le voy a poner delante un tenedor y una cuchara, a ver qué es lo que hace.
Después de cenar nos quedamos hablando alrededor de la luz de una lámpara de aceite, bueno, mejor dicho, se quedaron hablando ellos y yo mirándoles, porque yo hablar Ibán... pues como que no se me termina de dar bien.

En la mayoría de los poblados tienen generadores eléctricos que encienden por la noche, así que ahora hay mucha gente que ve la televisión o ve películas en DVD o VideoCD (que aquí se lleva mucho). Aun así hay mucha gente que hace la "vida normal", es decir, se reúnen en grupos a hablar en la zona común de la Longhouse. Aunque a veces ves a un grupo de gente que solamente está sentada alrededor de una vela sin decir nada, simplemente estando ahí.

Al día siguiente nos volvimos a Kuching por la mañana. Nada más coger el coche, por la pista de grava del embarcadero a la carretera, el coche se estropea y tengo mi primera experiencia conduciendo por la izquierda y con el volante al otro lado. Nunca me hubiera imaginado que sería así, conduciendo un Protón (marca nacional malaya) que se caía a trozos, con más kilómetros que el transiberiano, prestado de una Longhouse Iban a un amiguete del guía y por un camino de cabras. Cosas que tiene la vida.
El fallo era la bomba de la gasolina, lo arreglaron por la tarde y nos volvimos con una peste a gasolina que tiraba de espaldas. Nos paramos a cenar por el camino y llegamos a Kuching por la noche, por lo menos a tiempo para la visita del día siguiente al Parque Nacional Bako.
Lo que pasó después ya os lo sabéis, un montón de historietas varias en Kuching. Menos mal que le dejé claro a la agencia que no me tenían que llevar al día siguiente al aeropuerto.
lunes, 3 de noviembre de 2008
¿Por qué Javi da tantas vueltas por Borneo?
Esto de contaros por donde voy pasando está muy bien, pero si sólo os cuento este tipo de historias os perdéis los pequeños detalles que construyen la aventura. Así que antes de seguir os voy a contar un par de cosas para que vayáis entendiendo por qué mi viaje por el norte de Borneo ha sido un poco caótico (esta va con poquitas fotos).
Mi plan después de dejar a Zuzana y Tomas en Miri era ir a Kuching, en el sur de Sarawak, y empezar a visitar los dos estados de abajo hacia arriba. La idea era que, después de hacer las actividades que tenía preparadas por la agencia en Kuching, iría la Oficina de Turismo de Sarawak (en inglés Sarawak Tourism Board, es decir STB) para pedir información y ver si estarían interesados en comprarme alguna foto. Después de eso seguiría hacia el norte hasta el parque Gunung Mulu viajando por tierra y parando en los sitios que fueran interesantes. Luego pasaría a Sabah donde visitaría los sitios interesantes de ese otro estado y me volvería a Kuala Lumpur. Como véis todo muy bien pensado y ordenadito.
Así pues, la última noche de la actividad con la agencia, al llegar a Kuching y antes de irme a la cama en el hotel que me habían reservado, me fui a buscar un albergue baratito para la noche siguiente. Encontré un sitio que parecía que estaba bien y reservé una cama en el dormitorio común para una noche.
Cuando salí del albergue recordé que cuando fui al periódico en Kuala Lumpur a enseñar mis fotos de la celebración del día de la independencia, el editor gráfico jefe me dijo que cuando fuera a Borneo le llamara y me daría los contactos de sus fotógrafos allí por si necesitaba alguna ayuda. Así que le llamé por teléfono, hablamos un rato y me mandó un mensaje con el teléfono de Nadim, un fotógrafo local en Kuching al que llamé y con el que quedé para el día siguiente. A la mañana siguiente (viernes) me fui para el albergue... y allí cambió todo.
Nada más llegar conocí a Anddreas, un guía local al que le encanta la fotografía. Después de hablar con él un rato y decirle que quiero ir al STB a buscar algo de financiación me escribe en un papel el nombre de su amigo que trabaja allí, me dice que hable con él y que le diga que voy de su parte. Así que como veo que la situación es favorable, decido que cuando vaya al STB también voy a preguntar por financiación para el libro que me gustaría publicar con fotos del viaje en Malasia.
En la reunión con el STB parece que en cuanto a ayudas en Sarawak puede ser un buen primer contacto, relleno un formulario de solicitud de patrocinio y el chico me dice que se lo entregará a su jefe y que ya me dirán. Para facilitar las cosas dejo bastante abiertos mis viajes adaptándome a sus necesidades. Desgraciadamente para la financiación del libro el STB no es el sitio adecuado porque ellos no financian con dinero, para eso me recomienda que hable con el Ministerio de Turismo y me da la dirección y el teléfono de la sede en Kuching.
Cuando salgo de allí llamo inmediatamente al ministerio y cuando una mujer me responde al teléfono, automáticamente empiezo a contarle la historia que le cuento a todo el mundo: “Soy un fotógrafo freelance español que estoy trabajando en Malasia durante 4 meses y bla, bla, bla…”. A los 15 segundos me corta y me dice “¿pero qué es lo que quiere exactamente?”… a lo que desde lo más profundo de mi corazón y sin pensarlo sale una sola palabra clara y concisa: “sponsorship”. Un silencio de un par de segundos, me pasa con un hombre al que le explico lo mismo y me dice que le de mi número de teléfono y que me llamarán en un rato. Una respuesta un poco atrevida esa de “sponsorship”, pero así no hay ninguna duda ni malentendido, saben que voy a pedirles pasta. A los 20 minutos me suena el teléfono y es del Ministerio de Turismo: tengo una entrevista el lunes a las 2.
Con todo esto, como comprenderéis, decido quedarme el fin de semana en Kuching en espera de todo lo que pueda pasar el lunes. Así que aprovecho el fin de semana para darme un par de paseos con Nadim, el fotógrafo, pasar el rato con Anddreas escuchando historias de Sarawak, y disfrutar del ambiente en el albergue, que la verdad está bastante bien. El albergue lo llevan unos jóvenes Ibán. Los Ibán son uno de los pueblos indígenas de Sarawak, quizás el más conocido, y si vais a algún poblado alguna vez, es muy probable que sean Ibán. Estos chicos son bastante modernos, tocan la guitarra (casi todas las noches) y visten de una manera bastante actual, aunque muchas veces sin camiseta. Durante los días que estuve allí hicieron una fiesta de cumpleaños para uno de los del albergue a la que todos estuvimos invitados.
Otro día Anddreas decidió que sería divertido hacer una cena para todos los que estábamos en el albergue, así que se fue a comprar comida para todos y luego cocinaron varios platos típicos (Anddreas es el de amarillo).

Y prácticamente cada noche la gente del albergue se entretenía tocando la guitarra en la terraza... después de varios días me sabía las canciones de memoria.

En general un ambiente de fiesta y haciendo nuevos amigos, la verdad es que estuvo bastante divertido.

Dos de de los chicos de allí tienen un taller de tatuajes donde hacen tatuajes tradicionales Ibán. De hecho, todos los chicos que llevan y trabajan en el hostal tienen tatuajes Ibán tradicionales, está muy bien, porque intentan mantener vivos los tatuajes Ibán. Hoy en día estos tatuajes se están perdiendo poco a poco, ya que en las tribus no hay “necesidad” de mostrar las proezas de los distintos viajes o como cortadores de cabezas, que es lo que simbolizaban hace años. Durante el fin de semana Ernesto y Robin, los del estudio de tatuajes, iban a hacerle un tatuaje tradicional a un chico de Estados Unidos que vive en Corea y que había venido desde allí para hacerse el tatuaje (y de paso a visitar Malasia), así que me dijeron que si quería podía ir a hacer fotos de la sesión. Estos tatuajes tradicionales se hacen con dos varas, una de ellas tiene la aguja (las hay más finas o más gruesas) y con la otra se van dando golpecitos para ir dibujando el tatuaje.

El lunes por la mañana hablo con Nadim respecto a la entrevista en el Ministerio y me pregunta que si tengo pantalones largos, que al Ministerio es mejor ir con pantalones largos porque si no a lo mejor no me toman tan en serio. Como podéis imaginar, en el plan que viajo y con el tipo de sitios que voy visitando, pues mucha ropa formal no me he llevado a Borneo. Así que Javi se marcha al centro comercial, se coge un par de dependientas para que le ayuden y se compra unos pantalones y… atención… ¡una camisa! A lo mejor algunos de los que leéis esto no me conocéis tanto, pero verme en camisa quizá no es lo más habitual precisamente. Que no cunda el pánico, la camisa la llevo por fuera. Procuré comprarme las dos cosas a juego con mis botas de montaña aprovechando que son de piel, porque desde luego no me iba a comprar unos zapatos.
Así que salgo del albergue totalmente preparado y con algo de tiempo hacia la dirección del Ministerio que me ha dado Anddreas unos minutos antes. Llego allí y empiezo a preguntar por todos los lados para encontrar donde está la persona con quien me tengo que entrevistar (como es habitual en todos los sitios por aquí, preguntar mil veces hasta que consigues averiguar lo que quieres). Después de un cuarto de hora, busco la dirección que me dio el chico del STB y resulta que no es allí donde tengo que ir, vaya. Salgo a la calle y se ha puesto a diluviar, una de estas lluvias tropicales tan majas. Me cojo un taxi y le doy al taxista la nueva dirección, son las 2 menos 5. Medio minuto más tarde recibo una llamada; que el señor del ministerio acaba de terminar una reunión, que lo sienten mucho pero que posponen nuestra reunión para el día siguiente a las 9 de la mañana. Al albergue.
Por la tarde intento hablar con el chico del STB con el que estuve hablando el viernes y no está en la oficina. Definitivamente dejo las cosas estar, mañana será otro día.
Al día siguiente a las 9 estoy en el Ministerio de Turismo y me entrevisto allí con dos personas. Desafortunadamente no podían ayudarme en la publicación del libro porque quiero que el libro sea de toda Malasia y no sólo de Sarawak, así que me dijeron que tengo que solicitar la ayuda a través de la sede central del Ministerio en Kuala Lumpur. Una pena porque de verdad creo que si hubieran podido decidir sobre la subvención me la habrían dado, estuvimos hablando durante 2 horas y media y estaban muy interesados en mi proyecto. Incluso me dijeron que en el STB dijera que había estado hablando con ellos, ya que conocían al jefe del chico con el que había estado hablando. Esto es más importante de lo que parece porque la Oficina de Turismo de Sarawak depende del Ministerio de Turismo a la hora de gestionar su presupuesto, así que una recomendación del Ministerio es bastante favorable a la hora de tomar decisiones en el STB.
Desde allí me fui a las oficinas del STB pero el jefe estaba de viaje y no iban a tener una respuesta hasta su vuelta el miércoles por la mañana. Al día siguiente me reúno con el chico del STB y finalmente no me hizo falta ninguna recomendación, el STB me patrocinaba con 200 ringgits el viaje al Parque Gunung Mulu y con 1000 ringgits (en total las dos cosas son unos 250€) un viaje con Anddreas como guía al centro de Sarawak a visitar poblados indígenas de distintos grupos étnicos, entre ellos los Penan. Los Penan son el grupo que más ha defendido sus costumbres, sus tradiciones y sus tierras ante la llegada de los diferentes colonizadores que han pasado por la historia de Borneo; de ahí que sean de los mejores considerados entre los grupos étnicos que viven en Malasia.
Así que con todo esto decido que me voy inmediatamente a Mulu, reservo un vuelo para el día siguiente por la mañana de Miri a Mulu y me cojo un autobús nocturno de Kuching a Miri (12 horitas de viaje).
Antes de marcharme hablo con Nadim para contarle como ha ido todo. Nadim es musulmán y en esos días estábamos inmersos en el ramadán, ese periodo de tiempo en el que los musulmanes no comen, beben o fuman y reducen otra serie de actividades desde el amanecer hasta el atardecer. El ramadán cambia sus fechas cada año con respecto al calendario gregoriano (el que usamos nosotros), pero concluye con el año nuevo del calendario musulmán. En malayo, “Hari Raya” significa "día de celebración" y podría decirse que equivale a nuestra Navidad en cuanto a celebraciones. Este año el Hari Raya se celebraba el día 1 y 2 de octubre y, como muchas celebraciones en Malasia, se celebra con jornadas de puertas abiertas, en este caso en los barrios musulmanes. Así pues Nadim me invitó a pasar el Hari Raya con él y disfrutar de las jornadas de “openhouse” en su barrio la semana siguiente cuando volviera del Parque Gunung Mulu.
Hay que ver, y yo que pensaba pasar de puntillas por Kuching… y casi saco petróleo de aquí.
miércoles, 29 de octubre de 2008
Gunung Mulu National Park
Esta vez sí que hace tiempo que no escribo... a ver si consigo ponerme al día.
Esta entrada os la empiezo a contar desde el hostal en Kuching, aunque sé que la terminaré en Kuala Lumpur. Hoy es el último día antes de dejar Borneo tras un viaje lleno de improvisación en el que las 4 semanas previstas se han convertido en 7 y en las que he pasado tres veces por Sabah y otras tres por Sarawak. Aquí hay tantas cosas que ver... Borneo es la cuarta isla más grande del mundo (sólo por detrás de Australia, Groenlandia y Nueva Guinea), yo sólo he estado en la parte de Malasia y os aseguro que podría estar aquí un año haciendo fotos sin parar y me quedaría corto... impresionante.
Hoy os voy a contar cómo me ha ido en el Parque Nacional de Gunung Mulu. Este parque es uno de los dos Parques de Malasia protegidos por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad. El otro es el Parque Nacional Kinabalu, aunque ya os conté algo en la última entrada, el plato fuerte lo dejamos para otro día. Estos dos parques se merecen una entrada a parte, así que vamos allá.
Durante este tiempo he pasado dos veces por el Parque Gunung Mulu, la primera de ellas fue con Zuzana y con Tomáš (leáse como Tomash, el final parecido a cuando haces callar a alguien, pero en corto, claro). Ante la preocupación general, tranquilidad, su pié se recuperó bastante rápido, no hicimos ninguna ruta difícil y pudo andar con nosotros con bastante normalidad. A estas alturas su pié derecho está perfectamente. Pero bueno, vamos al grano.
El sábado por la mañana nos montamos en uno de esos aviones con hélices que vuelan por encima de la selva, porque para llegar a Mulu o llegas así o tienes que coger autobús y barco, y sabe Dios lo que se tarda en llegar (además seguro que es más caro que el avión). Después de un viaje de media hora adentrándonos en Borneo aterrizamos en un pequeño aeropuerto y nos vamos al parque dispuestos a pasar allí el fin de semana.
Cuando llegas al parque, lo primero que haces es ir a la oficina y planeas tu estancia allí decidiendo lo que vas a visitar. Uno de los principales atractivos del parque son "Los pináculos", unas formaciones rocosas en forma de aguja que sobresalen por encima de las copas de los árboles. Teníamos muchas ganas de ver los pináculos, pero para llegar hasta el mirador hacen falta tres días y dos noches y no disponemos de tanto tiempo... vaya, otra vez será. Tras coger una habitación nos damos un paseo para tener un primer contacto y para ver qué tal está el pié de Tomáš. Todo bien, Tomáš puede andar casi con normalidad y nos vamos haciendo al calor, la humedad, la vegetación...
...y aunque el Parque Gunung Mulu no es el mejor sitio para ver animales (de hecho es bastante difícil ver algo realmente interesante), nos encontramos con algunos pequeños animales como alguna hormiguita o algún lagarto.
El otro gran atractivo de este parque son sus cuevas, para eso sí que tenemos tiempo. La red de cuevas de Mulu tiene más de 300 Km explorados (más lo que queda por descubrir) y la espeleología es una de las actividades que atraen aficionados al parque. Entre sus tesoros escondidos se encuantra la cámara subterránea más grande del mundo, se llama "Sarawak Chamber" y en ella cabrían hasta 20 campos de fútbol o 10 aviones jumbo en línea. Esta cueva no está dentro de los itinerarios habituales sino en los de espeleología, y para visitarla hay que estar federado, demostrar que tienes un nivel mínimo en espeleología o haber hecho algún otro recorrido en Mulu y que el personal del parque certifique que estás preparado para ello. Aún así, si os gustan las cuevas no os vais a ir de aquí defraudados.
Esa misma tarde nos apuntamos a la visita guiada a Langs Cave y Deer Cave. Langs Cave es una pequeña cueva con interesantes formaciones de estalactitas y estalagmitas, está bien y sirve para abrir boca antes de la visita a Deer Cave. Desde Langs Cave se va directamente a la entrada de Deer Cave (están prácticamente al lado). Deer Cave es el pasaje más grande del mundo, es decir, se puede entrar por un lado y salir por el otro, pero la visita se hace entrando y saliendo por el mismo sitio y las dimensiones de la cueva la verdad es que son considerables.
Pero no solo eso, la "cueva del ciervo" es el hogar de más de dos millones de murciélagos, son esas manchitas que se ven en la parte de arriba de la foto. Todos los días, al atardecer, los miles de murciélagos de Deer Cave salen en busca de comida formando ráfagas interminables. Cerca de la entrada hay un punto de observación desde el que te puedes sentar a observar el espectáculo.
La vuelta a las habitaciones se hace cuando cae la noche por un camino iluminado. Una de las cosas que más rabia me da es no haber tenido una grabadora para que podáis escuchar los sonidos de la noche en Gunung Mulu. Una pena, vais a tener que ir vosotros mismos para escucharlos porque es increíble la variedad de sonidos que hay en la selva.
A la mañana siguiente hicimos el Canopy Walk del parque, que con 480 metros de longitud es el más largo del mundo, y antes de coger el avión de vuelta a Miri nos dimos un último paseo por el parque y otro al aeropuerto, que no está tan lejos.
Una de las cosas que pregunté en las oficinas del parque es acerca del famoso permiso para hacer fotos. Bueno, pues en Gunung Mulu es necesario permiso para fotógrafos profesionales, especialmente imprescindible para llevar el trípode a las cuevas porque si no está estrictamente prohibido. Así que me dijeron que lo solicitara al director de los parques del departamento forestal de Sarawak en Kuching.
Desde Mulu Zuzana y Tomáš se marcharon a Kuala Lumpur y yo empecé mi aventura en solitario por Borneo con dirección a Kuching. Allí, además de algunas actividades que ya os contaré, hablé con el director de los parques que me dijo que no tenía tiempo para solicitar el permiso porque lleva más de un mes conseguirlo. Así que me dijo que no puedo usar el trípode en las cuevas pero que viniendo de tan lejos me autorizaba a hacer fotos en el parque y me dió su móvil por si alguien ponía pegas, para que le llamaran y él les explicaría que tengo permiso.
Dos semanas más tarde Javi vuelve al Parque Gunung Mulu, principalmente para subir a los pináculos y hacer la foto imprescindible si quiero escribir algún artículo sobre el parque. Para ver los pináculos hay que coger un bote durante una media hora y luego hacer una ruta por la selva de casi nueve kilómetros hasta un lugar llamado Campamento 5. Allí se hace noche y al día siguiente se sube al mirador y se vuelve a bajar al Campamento 5. Y al día siguiente se suele volver por el mismo camino hasta las oficinas del parque o hacer algún otro camino desde el Campamento 5.
Nada más llegar al parque encuentro un chico, Casius, y una chica, Alison, con los que compartir grupo para ir a los pináculos. Porque claro, el bote río arriba hay que pagarlo, además para subir al mirador es obligatorio ir con guía y también hay que pagarlo. Una hora más tarde nos montamos en el bote con lo imprescindible en las mochilas rumbo al Campamento 5.
El paseo en bote no es el primero que hago a estas alturas, pero me encanta disfrutar de la selva desde una de esas canoas largas y estrechas en las que vas sentado en fila. Y luego el camino hasta el Campamento 5 no es muy complicado y lo hacemos sin dificultad.
Esa tarde, antes de irnos a la cama, tenemos una charla con el guía, la charla que cada guía tiene con su grupo antes de subir a los pináculos. Entre otras cosas, el guía nos explica que hay un punto con una roca llamada el minipináculo a la que si no se llega en una hora se considera que se va demasiado lento. También nos explica que en la parte final hay una zona de cuerdas y escaleras y que si no se llega allí antes de la 1 no se permite seguir porque no daría tiempo a volver al campamento 5 antes de la noche. Por último nos dice lo que hay que llevar en la mochila: comida, barritas energéticas o similares, una linterna por si se hace tarde, chubasquero y lo más importante, agua, tres litros de agua por persona; nos dice que depende de cada uno, pero que lo recomendado es tres litros cada uno… él nos dijo que lleva medio litro porque está acostumbrado. Yo, como la verdad es que llevo bastante bien el no beber y ya tenía los casi 5 kilos del equipo, la linterna y la comida, decidí llevar una botella de litro y medio.
Al día siguiente nos levantamos para desayunar bien y salir a las 6 y media de la mañana. Los pináculos es una ruta de sólo 2,4 kilómetros pero en los que se sube un desnivel de 1.100 metros por un camino lleno de piedras puntiagudas y raices en el que apenas hay tramos horizontales ni sitio para pisar plano. Como os lo explicaría… imagino que todo influye, que hace casi cuatro años que no corro y ya no estoy tan en forma, que empezamos un poco rápido… pero el caso es que subir a los pináculos es la ruta que más me ha costado en mi vida, pero con mucha diferencia. No me la esperaba tan dura.
A mí me gusta bastante ir a andar a la montaña y aunque no voy muy a menudo, ni mucho menos, algo he hecho. Me he hecho el Cañón del Colorado con la mochila encima cargada con un par de garrafas de agua y la tienda, las últimas veces que me he dado un paseo por la montaña lo he llevado bastante bien... además me he corrido un maratón, que físicamente es bastante exigente… después de estas cosas uno piensa que con algo de esfuerzo puedes afrontar casi cualquier cosa, pero ahora sé que no es así. Os aseguro que antes de llegar al minipináculo pensé varias veces que no lo conseguiría. Hacer una ruta exigente en la selva, con el calor y la humedad, es algo muy diferente a cualquier otro tipo de montaña. Se suda muchísimo, una barbaridad, la camiseta y los pantalones acabaron completamente empapados, y cuando digo empapados es literal, no húmedos, sino como si te tiraran un cubo de agua encima.
Después de parar en el minipináculo (que hicimos en algo menos de 45 minutos), descansar un poco y beber algo de agua veía las cosas un poco más claras; me iba a costar mucho pero yendo a mi ritmo y con paciencia sería cuestión de tiempo. Un poco más adelante Casius se dio cuenta que por error había cogido tres botellas en lugar de dos… siempre tendré la duda de si lo hizo a propósito porque yo sólo había cogido una, pero a mí me vino de maravilla. Me bebí medio litro de agua, Alison bebió otro poco y dejamos la botella en el camino para no cargar con ella y recogerla a la bajada. Hubiera podido hacerlo sólo con mi litro y medio, seguro, pero la botella de Casius fue como una bendición.
Así que después de cuatro horas de subida llegué (en último lugar de mi grupo) al mirador desde el que se ven los pináculos. Allí nos sentamos a descansar y disfrutamos de la comida, agua y las ardillas que salen de vez en cuando a ver que se dejan los locos que se atreven a subir hasta allí.

Cuando llegamos al mirador estaba nublado, y recordemos que mi mayor razón para subir hasta allí es la foto, si no como voy a escribir un artículo sobre Mulu sin tener una foto de los pináculos. Luego salió el sol y pude hacer alguna que otra foto, pero no con cielo azul, ya veremos. De todas forma en los pináculos no hay muchas opciones, hay un punto desde el que todos hacemos casi las mismas fotos, si pudieras estar allí al amanecer o al atardecer puede que se consiguiera algo mejor, pero bueno, por lo menos tengo la foto.
Casius, que había sido el primero en llegar arriba (junto con el guía), fue el primero en empezar la bajada, después se marchó Alison y yo me quedé a esperar por si salía el sol (el guía siempre baja con el último). La bajada es tan dura como la subida y suele tardarse lo mismo en bajar que en subir. Al no haber zonas planas vas constantemente pisando sobre las raices y piedras, así que tienes que tener mucho cuidado de no torcerte un tobillo. En la bajada nos juntamos con Alison y en otras cuatro horas estábamos en el Campamento 5. Por supuesto, Casius no había recogido su tercera botella pensando que a nosotros nos vendría mejor.
Lo primero que hice nada más llegar al Campamento 5 fue coger otra botella de agua e inmediatamente ir al río, quitarme las botas y los calcetines, y meter los piés en el río mientras hacía con la boca el sonido “sssssshhhhhhhh”. En ese momento vino Casius a ver como estaba y me dijo que si quería que me preparaba un té con mucha miel… mmmmmhhhmm… mieeeel… Es increíble como reacciona tu cuerpo ante el estímulo del azúcar cuando lo necesita. Que majete este Casius, al rato me trajo el té que disfruté con los pies en el agua como uno de los mejores tés de mi vida mientras contemplaba las vistas desde el Campamento 5 al atardecer.

Al día siguiente volvimos a madrugar para hacer los casi 9 kilómetros de vuelta hasta el río porque queríamos ver otras dos cuevas: Wind Cave y Clear Water Cave. Junto con las dos cuevas que había visitado con Zuzana y Tomáš, estas otras dos cuevas son las que forman el conjunto de 4 cuevas más visitadas en Gunung Mulu, así que a mí me vino muy bien.

Después de eso decidí que necesitaba un descanso, así que en los dos días que me quedaban en el parque hice alguna ruta suave buscando insectos y me fui a hacer fotos de la salida de los murciélagos desde dentro de la cueva en un punto en el que hay unas rocas que hacen un perfil con la cara de Abraham Lincoln.

Otra cosa que hice fue el paseo nocturno, muy interesante, en él se pueden ver insectos, arañas y algún otro animalito. Es impresionante como los guías, en medio de la noche, completamente a oscuras, de pronto giran la linterna y dicen: allí, un buho.

Hay un par de caminos más que me hubiera gustado hacer en Mulu, pero el tiempo es limitado así que con esto terminé mi visita al parque. Pero... ¿es esto todo lo que se puede hacer en Mulu?... pues no. Si de verdad te gustan las emociones fuertes y te apetece disfrutar del parque Gunung Mulu, hay algo más que puedes hacer. En malayo "gunung" significa "monte", así que el Parque nacional de Gunung Mulu es en realidad el Parque nacional del Monte Mulu. Hay una ruta que es el "Summit trail" y te lleva a la cima del Monte Mulu. Es un camino de 4 días y 3 noches y tienes que llevar en la mochila todo lo necesario, es decir, saco, aislante, ropa, comida y bebida para 4 días... Cuando los guías te hablan del camino a los pináculos te dicen que es relativamente fácil, que el camino al Monte Mulu... ese sí que es duro de verdad. Si el camino a los pináculos son 2,4 kilómetros, en el camino a la cima del Monte Mulu tienes un día 7 kilómetros de subida continua con la mochila cargada de verdad.
Que queréis que os diga, como os he dicho antes, ahora sé que hay cosas que no podría superar, con entrenamiento sí, claro, pero ahora mismo, después de los pináculos, el camino a la cima del Monte Mulu me viene grande. Que pase el siguiente.
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