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jueves, 12 de abril de 2012

La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días (III): Viaje a Crater Lakes y Kitgum




Ver La vuelta a Uganda de wfogg - Parte III. en un mapa más grande


A) Simba Safari Camp
B) Crater Lakes
C) PN Kibale
D) Hoima
E) Masindi
F) Gulu
G) Kitgum


Día 9.

Este día era el día que habíamos quedado con Óscar, el español que tiene una agencia de viajes aquí en Uganda, y con quien íbamos a hacer el resto del viaje. Era el día en el que terminaban los viajes en transporte público para viajar a partir de entonces en una cómoda furgoneta 4x4 ¡con un sitio para cada uno!

Pero antes quedaba un último autobús, el que nos llevaría desde Simba Safari Camp hasta el cruce donde nos encontraríamos con Óscar. Nos dijeron la hora a la que pasa el autobús (aunque también nos dijeron que podía pasar antes o después) y lo que tarda en llegar hasta el cruce donde íbamos. Imaginábamos que el autobús pasaría por el hostal con retraso, pero era mejor no arriesgar y antes de la hora prevista estábamos esperando en la puerta del hostal.

Por supuesto, el autobús llegó 20 minutos después de la hora que nos habían dicho, y tras la experiencia acumulada en Uganda, llamé a Óscar para decirle que ya íbamos con retraso y que calculaba que llegaríamos algo así como hora y media tarde.

Dicen que la experiencia es un grado, así que tras un viaje sin problemas, compartiendo algún asiento de vez en cuando, llegábamos al cruce hora y media más tarde de la hora prevista.

Nos bajamos del autobús y Óscar estaba allí esperándonos con su flamante furgoneta 4x4. Metimos las mochilas, nos pusimos cómodos y continuamos el camino como unos reyes disfrutando de nuestro nuevo medio de transporte.


Dejamos atrás la carretera principal para recorrer los caminos por la región de los Crater Lakes. Esta zona es una pequeña región al oeste de Uganda, cerca de la ciudad de Fort Portal, que está repleta de colinas de origen volcánico y donde, de vez en cuando, se encuentran pequeños lagos que rellenan lo que en algún momento fue el cráter de un volcán en la formación de Gran Valle del Rift.


Paramos en un par de sitios tranquilos, junto a dos lagos, a tomarnos unas cervezas y disfrutar del paisaje, hacer fotos, charlar...



¿Alguien ha visto las mariposas?

Nos hubiera gustado dar algún paseo pero se nos haría tarde, y a lo mejor podíamos hacerlo al día siguiente.

Continuamos por la zona de los Crater Lakes, atravesando primero grandes plantaciones de matooke (una variedad de plátano muy extendida en Uganda y de la que ya os hablaré más adelante) y más adelante, en zonas más abiertas, amplias plantaciones de té. Hasta que finalmente el camino se adentró en el bosque de Kibale, en el Parque Nacional de Kibale, donde viven más de 1200 chimpancés.

Aunque no solo hay chimpancés en Kibale. Cómo no, también puedes disfrutar de los omnipresentes babuinos.


A los que no hace falta habituar como a los chimpancés, porque ya se encargan ellos solitos de acostumbrarse a la presencia humana. Debe ser la falta de timidez.





Llegamos al Primate Lodge Kibale, donde se agradece que después del viaje te reciban con un zumo fresquito y una toalla para que te laves las manos mientras comprueban tu reserva.

El Primate Lodge Kibale es un sitio de más alta categoría, perfecto para quien quiera estar en medio de la selva sin renunciar a comodidades. Puedes dormir en las cabañas que tienen, o en tiendas. Nosotros íbamos a probar las tiendas, que las había visto en otro viaje y tenía curiosidad.

Dormir en una tienda en medio de la selva tiene la ventaja de que te sientes más en la naturaleza que en una cabaña entre paredes. Puedes escuchar mejor las aves, el canto de los insectos o incluso en Kibale, las llamadas de los chimpancés si tienes un poco de suerte. Pero claro, como es lógico y comprensible, no a todo el mundo le apetece ir de camping en sus vacaciones, así que siempre está la opción de este tipo de lodges, donde puedes dormir en una tienda pero, como os he dicho antes, sin renunciar ninguna de las comodidades.



Y cuando digo sin renunciar a comodidades me refiero a incluso sin renunciar a tu propio baño (con agua caliente, claro) en la parte trasera de la tienda.


Además, en este lodge las tiendas están lo suficientemente alejadas de la zona común y entre ellas como para que no te veas o te molestes con tus vecinos y te sientas tú solo como el rey de la selva.

Después de ducharnos, durante la cena, es decir, durante una agradable cena a la luz de las velas, nos pusimos a planear con Óscar el resto del viaje. Teníamos reservadas dos noches en el lodge, pero las opciones allí eran sobre todo ver los chimpancés, que Zuzana y yo ya los habíamos visto y Tomáš no estaba especialmente interesado, o hacer alguna ruta andando por los Crater Lakes, que está bien y son bonitos, te puedes bañar en algunos de ellos… El problema era la interminable cantidad de kilómetros que nos quedaban por delante. Así que finalmente decidimos recortar una noche en Kibale y continuar el viaje hacia el norte a la mañana siguiente.

Antes de irnos a la cama, Óscar, que es un tío muy apañao, para qué negarlo, nos había preparado una sorpresa. Había hablado con el director del lodge para que viniera un coro de niños locales a hacer una actuación con canciones y bailes tradicionales de la zona. Todo un detallazo.

Así que, después de la cena y la actuación de los niños, nos fuimos a dormir a nuestras tiendas, dando un corto paseo por el camino que lleva a las tiendas, iluminado con pequeñas lámparas, mientras disfrutas de los sonidos de la selva.



Día 10.

De nuevo un desayuno temprano y a la carretera.

Salimos del Parque Nacional de Kibale y nos desviamos por un camino entre las plantaciones de té, donde paramos un rato a hacer un par de fotos, como no.


Y también a atender las curiosidades de los locales.


Continuamos el viaje y, tras unos pocos kilómetros por la carretera que une Fort Portal con Kampala, tomamos un desvío hacia el norte con dirección a Hoima, por la que es, sin duda, una de las primeras “carreteras” que el gobierno de Uganda debe arreglar para promocionar el turismo. Son 145 kilómetros por un camino de tierra perfectamente irregular en su mayoría. En fin, el viaje en sí también forma parte de la experiencia africana, así que vamos allá.

Óscar nos contó que cerca de Hoima hay un acantilado desde el que hay una impresionante vista del Albertine Rift, la rama occidental del Gran Valle de Rift, así que nos propuso llegar hasta allí para luego bajar por la carretera que desciende el acantilado y pasar la noche acampados a la orilla del Lago Alberto en un lodge estupendo que hay allí. Teníamos por delante una larga jornada de carretera hasta llegar al mirador cerca de Hoima, pero tampoco es para tanto, con buena compañía los viajes no son tan largos. Disfrutemos de África.

Pero la experiencia africana tenía preparada para nosotros una sorpresita. Después de unos pocos kilómetros por los infinitos baches, de vez en cuando teníamos la sensación de que venía un olor como a quemado y Óscar dijo que notaba como si los frenos no funcionaran bien del todo, así que paramos y vimos que la rueda trasera derecha estaba bastante caliente, por lo que decidimos parar en el primer pueblo y buscar un taller para reparar los frenos.

En cuanto llegamos al primer pueblo, que afortunadamente no eran cuatro casas alrededor de la carretera, preguntamos y enseguida encontramos un taller, Óscar le contó al mecánico lo que pasaba y se puso manos a la obra.


Parece ser que las zapatas estaban un poco sueltas e iban rozando con el tambor, así que solo era cuestión de darle vueltas a una ruedecita para sujetar un poco el muelle.



En una media hora la rueda estaba de nuevo en su sitio. El mecánico nos pidió que nos hiciéramos una foto con él...


...guardamos el gato, nos metimos en la furgoneta y seguimos adelante, todo solucionado. Tampoco había sido para tanto.

Hasta que unos kilómetros más adelante… el mismo olor a quemado, Óscar con la misma sensación en los frenos… y comprobamos que la rueda estaba de nuevo caliente.

Paramos en el siguiente pueblo a re-reparar los frenos, que esta vez sí que era del tipo cuatro casas alrededor de la carretera. En cuanto paramos vino alguien diciendo que "I am the engineer here" ¿Cómo? ¿"The engineer"? ¿Cómo que el ingeniero? Al final dedujimos que quería decir que era el mecánico del pueblo.

Sacamos de nuevo el gato y el ingeniero se puso a desmontar la rueda y arreglar los frenos. Esta vez el ingeniero desmontó también la rueda trasera izquierda para comprobar que estaban las dos igual. Muy profesional.


En seguida, todo el mundo entendió que el mejor punto de vista para controlar el asunto era el de Tomáš.


Zuzana y yo nos separamos un poco y nos sentamos a disfrutar de la escena surrealista.


Y al poco nos pusimos a hablar con un hombre del lugar sobre las diferencias entre Uganda y Europa, de quienes tiene más o quienes tienen menos, de quienes necesitan más y quienes necesitan menos, y en definitiva, de quien es más feliz en la vida.

Foto: © Tomáš Kazda

Foto: © Tomáš Kazda

Mientras, el resto del pueblo, especialmente los niños, se había acercado a ver el acontecimiento del mes: los muzungus.



No sé cuantos de estos niños se habrán visto alguna vez en una foto, pero desde luego, era bastante gracioso hacerles fotos...


...y luego enseñárselas.

Foto: © Zuzana Kazdová

 Foto: © Zuzana Kazdová

Pasamos un buen rato, bastante divertido.


Foto: © Zuzana Kazdová

Al rato, el ingeniero terminó de arreglar los frenos y, después de probarlos, le dio a Óscar 6 meses de garantía. Todo esto, por supuesto bajo la atenta mirada de todo el pueblo.


Nos metimos de nuevo en la furgoneta, nos despedimos por la ventana de todo el mundo y seguimos nuestro camino a Hoima.


Íbamos un poco justos de tiempo pero todavía podíamos llegar al mirador y bajar hasta el lodge a dormir.

Al rato pensamos que a lo mejor lo que el ingeniero le había dicho a Óscar no era que le daba 6 meses de garantía, sino que le daba 6 millas de garantía, porque Óscar empezó a notar que los frenos seguían sin estar bien.

Pasados unos kilómetros paramos para comprobar que el ingeniero no solo no había arreglado la rueda derecha, sino que había conseguido que la izquierda también se calentara a la vez que el freno de mano casi no frenara. Todo un prodigio de la ingeniería. Así que ya sabéis, si paráis en un pueblo y alguien os viene diciendo que es el ingeniero, salís corriendo.

En fin, como la autopista por la que vamos en realidad no permite velocidades por encima de los 40 Km/h y los frenos funcionan, decidimos ir despacio y llegar a Hoima a buscar un taller de verdad. Eso sí, asumiendo que lo del mirador y el lodge se queda para la próxima vez que vengamos, qué le vamos a hacer.

Llegamos a Hoima con el tiempo justo para buscar un sitio donde dormir y otro donde llevar la furgoneta. Encontramos un hotel y nos fuimos a un taller a re-re-reparar la furgoneta.

En el taller en Hoima, que es una ciudad más grande, parecían saber más lo que hacían. Una cosa buena es que aquí casi todos los matatu son el mismo modelo de furgoneta o muy parecidos, y muchas furgonetas de safari suelen ser también las mismas (solo que están cuidadas y no se caen a cachos), así que es normal que casi en cualquier sitio sepan arreglarlas.

Después del día de experiencia africana nos dimos una merecida ducha, una merecida cena, y nos fuimos a dormir.


Día 11.

Nuestro camino seguía hacia el norte, hacia el Parque Nacional de Valle de Kidepo (también conocido como Parque Nacional de Kidepo), donde llegaríamos por la tarde. Antes, pararíamos en Gulu, la ciudad más importante del norte de Uganda, a recoger a Steven y Emmanuel, dos amigos de Óscar que nos acompañarían desde allí hasta Kampala.

Al rato después de salir de Hoima, nos dimos cuenta de que, aunque en el taller de Hoima parecía que eran más profesionales y sabían lo que hacían, en realidad tampoco tenían muy claro cual era el problema con los frenos. Por lo menos ahora el freno de mano estaba bien y la rueda izquierda tampoco se calentaba, pero la derecha seguía igual.

De camino a Gulu pasamos por Masindi, otra ciudad relativamente grande, así que paramos allí a intentar re-re-re-reparar los frenos.

Paramos en un taller en la carrera principal y tras desmontar la rueda, un grupo de esos ingenieros que hay por ahí no fueron capaces de hacer nada. Así que decidimos preguntar y enseguida nos indicaron donde encontrar un taller para re-re-re-re-reparar los frenos. Llegamos allí y a los 5 minutos, poco después de desmontar la rueda, teníamos claro que habíamos caído en el que probablemente era el peor taller de Uganda. El hombre no tenía ni idea, enseguida le dijimos que volviera a poner la rueda en su sitio, pero era tan inútil que sabe Dios qué habría tocado, que no era capaz ni de volver a montar la rueda.

Afortunadamente Masindi está muy cerca del Parque Nacional de Murchison Falls, y prácticamente todos los tour operadores pasan por aquí con sus coches, así que Óscar hizo un par de llamadas y enseguida le indicaron un sitio de confianza.

Le dijimos al mecánico inútil que no volviera a tocar la rueda y Óscar se fue en boda-boda a por el mecánico del otro taller, un chico joven con rastas que se movía con agilidad, algo poco habitual por estas tierras. Al poco tiempo tenía otra vez la rueda montada y pudimos llevar el coche a su taller.

Este taller tenía otra pinta, se le veía mejor, dentro de estándares africanos, no os vayáis a pensar, pero era bastante más grande que un mini-garaje con montones de piezas oxidadas amontonadas fuera, que es lo que viene siendo un taller en África. Parece que esta vez sí que por fin nos van a re-re-re-re-re-reparar los frenos.

Después de estar allí un buen rato salíamos para Gulu, por fin de nuevo carretera asfaltada, con la furgoneta recién salida del taller... que maravilla.

Paramos en Gulu a recoger a Steven y Emmanuel y continuamos hacia Kidepo. La carretera a partir de Gulu vuelve a estar sin asfaltar, no es tan mala como la del día anterior a Hoima, pero hay que ir más despacio. Además... ¿A que no lo adivináis...? De nuevo ese aroma a quemado por la derecha... En fin, asumimos que no vamos a llegar a dormir a Kidepo y nos alegramos de haber decidido quedarnos solo una noche en Kibale, y que la experiencia africana no nos estropee el viaje.

Llegamos a Kitgum donde nos tomamos una cerveza fresquita en un hotel y encontramos un sitio decente para dormir. Kitgum es una pequeña ciudad en el norte de Uganda, y la oferta para dormir es limitada, hay sitios no están mal, pero la comodidad se paga. Afortunadamente nos hablaron de un sitio que estaba bien de precio, era decente y estaba limpio. Se llama Timbo Hotel, aunque es más bien un hostal, y si alguna vez pasáis por Kitgum y queréis dormir por un precio razonable, podéis quedaros en él (para saber como llegar, podéis echarle un vistazo al mapa que está al principio).

Parece que al final el viaje no está saliendo del todo como lo teníamos planeado, pero... qué más da, no importa, hakuna matata, disfruta de tu viaje por Áfica.





Hakuna matata - "no hay problema" en swahili.



Acabas de leer la tercera parte del viaje, también puedes leer:

La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días - Parte I.
La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días - Parte II.
La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días - Parte IV.
La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días - Parte V.



viernes, 21 de octubre de 2011

La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días (I): Kampala - PN Lago Mburo - Lago Bunyonyi - PN Mgahinga


Seguimos en Kampala, sin muchas aventuras nuevas que contar, así que he pensado que os voy a contar cómo se recorre Uganda en un par de semanas, pero lo voy a hacer poco a poco, sin prisas, que para eso estamos en África.
Aprovechando que Zuzana había terminado su contrato y que Tomáš había venido a visitarnos, decidimos irnos a dar una vuelta por Uganda durante un par de semanas. Vacaciones. Además es una manera de conocer un poco el país y ver sitios a los que tendré que volver y pasar temporadas más largas.

La primera parte del viaje la íbamos a hacer nosotros solos, viajando en transporte público, y luego nos encontraríamos con Óscar, un español que vive aquí en Uganda, y que tiene un tour operador con el que tengo un acuerdo para hacerle unas fotos promocionales, y con él viajaríamos la segunda mitad del viaje hasta volver a Kampala.Podemos empezar por el principio del viaje, desde Kampala hasta el Parque Nacional Mgahinga.



Ver La vuelta a Uganda de wfogg - Parte I. en un mapa más grande

A) Kampala

B) Parque Nacional del Lago Mburo
C) Kabale
D) Lago Bunyonyi (léase Buñoñi)
E) Kisoro.
F) Parque Nacional Mgahinga
G) Monte Sabinyo


Entonces, todo está preparado. Vamos allá.


Día 1.

Nuestro plan era salir de Kampala en autobús, en el Postbus (el correo), el autobús que tienes que coger en Uganda siempre que te sea posible, mejor que cualquier otro. La mayoría de los autobuses aquí son autobuses de alta velocidad, pero el Postbus, va a su ritmo, tarda bastante más pero vas seguro. Afortunadamente mi amigo Amos tenía que ir a Kabale ese mismo día, y como el Parque Nacional del lago Mburo pilla de camino, nos llevó en coche hasta el desvío que hay que coger para ir al parque.

Desde el desvío cogimos unos boda-boda para recorrer con la mochila a la espalda los 23km que llevan al parque por una carretera de tierra (si venís por aquí, son unos 10.000 UGX).

Ya desde la moto, según te acercas al parque, puedes ver algunos jabalís africanos (como Pumba de El Rey León), antílopes, o búfalos... Llegamos al parque, pusimos las tiendas en el camping al lado del lago y decidimos dejar el safari a pié para el día siguiente y pasar un día tranquilo junto al lago descansando después del viaje y de habernos levantado a las 5 de la mañana. Así que nos sentamos en la terraza del restaurante a disfrutar de las vistas.

Foto: © Zuzana Kazdová

Al rato llegó un "autobús" escolar con unos pocos niños para que visiten el parque y vean desde el barco los hipopótamos o las aves que hay en el parque.


Y después... bueno, digamos que no hemos tenido mucha suerte en este parque. Por la tarde llegaron un grupo de simpáticos ugandeses, con un descapotable y un mercedes, que debieron equivocarse y fueron al parque pensando que iban a un bar. Así que se dedicaron a disfrutar de la naturaleza poniendo música a todo volumen y bebiendo hasta algo así como las 2:30 de la mañana. Menos mal que Tomáš y yo nos habíamos echado la siestecita esa por la tarde... Zuzana no tuvo tanta suerte.

Aquí le voy a dar un tironcito de orejas a UWA (Uganda Wildlife Authority) para que mejore este aspecto y se asegure de que esto no vuelve a ocurrir, porque el parque merece la pena y este tipo de cosas pueden estropear la experiencia.

Así que como no podíamos dormir, mientras esperábamos que viniera un hipopótamo a comerse a nuestros queridos vecinos, nos dedicamos a mirar las estrellas y a hacerles fotos, que había muchísimas.



Día 2.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano para el safari. El parque del lago Mburo es uno de los pocos parques de Uganda en los que se puede hacer un safari a pié. Se va con un guía y un guarda con un fusil por si algún búfalo se pone demasiado cariñoso.


Una de las razones por las que fuimos al parque del lago Mburo es porque, junto con Kidepo, es donde se pueden ver cebras. Pero para continuar con la racha de suerte en el parque, y como ya sabéis que los animales no se pueden reservar por teléfono, en el safari no vimos casi nada. No sé si sería en parte por la música alta de nuestros agradables vecinos, pero el caso es que nos tuvimos que conformar con unos pocos búfalos, antílopes, jabalís y aves. De las cebras, ni rastro.


De todas formas que esto no os desanime a ir al parque, no es lo normal, tanto Óscar como otros amigos nos han dicho que han visto manadas de cebras y antílopes de cerca. Nosotros tendremos que esperar a la próxima vez cuando volvamos a sacarnos la espinita.

Después del safari volvimos en boda-boda a la carretera y allí cogimos el primer autobús que pasó hacia Kabale, la ciudad donde íbamos a pasar la noche. No tuvimos la suerte de coger el Postbus (que probablemente tardaría todavía en pasar) y cogimos el Jaguar Executive Coach que va a Ruanda. El autobús es cómodo y bastante mejor de lo que podrías esperar en África, pero efectivamente pudimos comprobar que los autobuses son de alta velocidad.

En Kabale también nos lo tomamos con tranquilidad, nos acomodamos en el albergue y fuimos a pasar la tarde en la terraza del hostal Edirisa, un sitio muy agradable donde se come bastante bien. Mención a parte merecen sus generosas porciones de bizcocho casero recién hecho por 1000 UGX (menos de 30 céntimos de euro), es un bizcocho, nada del otro mundo, pero esponjoso, merece la pena probarlo.



Día 3.

Al día siguiente nos levantamos, desayunamos tranquilamente en la terraza del Edirisa y nos marchamos a nuestro siguiente destino: el lago Bunyonyi.


El lago Bunyonyi se formó cuando, en una de las erupciones volcánicas que se produjeron en la formación del Valle del Rift, la lava cerró la salida de un gran valle, lo que hizo que el valle se inundara creando un lago con numerosas islas. No es uno de los principales atractivos turísticos de Uganda, pero es un sitio bonito y agradable donde merece la pena pasar un par de días, si dispones de ellos. Quizás es un destino más para mochileros y que se deja más de lado en los grandes paquetes turísticos.

Nosotros pasamos dos días en un sitio que se llama Byoona Amagara, muy recomendable, está en una isla y es un sitio estupendo para relajarse y hacer alguna actividad por los alrededores. Para ir coges una canoa y vas disfrutando del lago mientras remas entre sus islas.


Si estás un poco vaguete y no te apetece remar, también puedes pedir que te lleven con una canoa a motor.

Al llegar al
Byoona Amagara decidimos dedicarnos a una de las principales actividades que puedes hacer allí, relajarnos, y pasamos la tarde jugando a las cartas, comiendo y hablando con la gente hasta que decidimos irnos a dormir.

Día 4.

Nuestro plan era alquilar una canoa e irnos de isla en isla parándonos donde quisiéramos y bañándonos en el lago (porque el lago Bunyonyi no tiene bilharzia), pero el día no amaneció todo lo soleado que debería ser para que nos apeteciera bañarnos, así que decidimos irnos a andar para buscar algún sitio que tuviera unas buenas vistas del lago. Y llegamos hasta aquí.

Foto: © Zuzana Kazdová

Yo no me había llevado la cámara, porque me había llevado las zapatillas y ropa para luego irme a correr por el campo, y me parecía feo irme y dejar a Zuzana y Tomáš con los 5 kilos de aparatos para que me los llevaran de vuelta. Me pegué una buena paliza corriendo, sobre todo en una subida que, tras una curva, resultó ser mucho más larga y empinada de lo que podría hacer con el ritmo que llevaba hasta entonces. Esa noche cené y dormí estupendamente.


Día 5.

Nuestro plan para este día era salir hacia el Parque Nacional Mgahinga, donde pretendíamos subir el Monte Sabinyo, el volcán en cuya cumbre se está el punto donde se juntan las fronteras de Uganda, Ruanda y la República Democrática del Congo.


Así que tras desayunar tranquilamente, cogimos una canoa de vuelta, un taxi hasta Kabale, hicimos un poco de compra para la subida del día siguiente y nos pusimos a buscar transporte hacia Kisoro.

Las opciones para moverse entre Kabale y Kisoro son limitadas. Hay algún autobús suelto (que probablemente no coincidirá con tu horario) y los matatus parece que no hacen ese recorrido, así que las opciones se reducen a un special (un taxi para ti solo) o un taxi compartido, que es lo mismo que un special pero con más gente. Esa fue la opción que elegimos. Os sabéis aquel chiste de ¿Cómo meterías a 4 elefantes en un 600? - Pues dos delante y dos detrás. Pues esto de los taxis compartidos es igual: ¿Cómo meterías a 8 personas en un taxi?

Fácil...


Parece ser que tuvimos suerte porque a veces meten hasta 5 personas detrás.

Una vez en Kisoro cogimos otro coche (esta vez para nosotros solos) hasta la entrada del Parque Nacional de Mgahinga, donde UWA tiene una zona de camping y algunas cabañas, que es donde íbamos a pasar la noche.

Es una zona muy tranquila y agradable, recuerdo salir de nuestra cabaña para ir a cenar al pequeño bar-restaurante, y disfrutar del sonido de los árboles meciéndose con el viento (que era lo único que se escuchaba). Me quedé un rato contemplando los árboles mientras los escuchaba… Y, por supuesto, hice una foto para asegurarme de que permanecerá en mi memoria por muchos años que pasen.


Nos tomamos un té… cenamos comida local calentados por la chimenea…


…dejamos pedido el desayuno para la mañana siguiente y, como habíamos leído en varios sitios que la subida al Monte Sabinyo era dura, nos fuimos a dormir para estar descansados por la mañana.


Día 6.


Como habíamos acordado con los guías del parque, a las 7:15 de la mañana estábamos ya desayunados y preparados, así que como es costumbre con los horarios aquí, hasta las 8:00 no conseguimos salir en dirección a la cumbre del Sabinyo con el guía, otro chico que estaba formándose como guía y el guarda con su fusil. Las oficinas del parque están a unos 2.300 metros sobre el nivel del mar, y la cumbre del Sabinyo a 3.669 metros de altitud, así que nos esperan aproximadamente 1.300 metros de desnivel en 7 kilómetros, que subiríamos y bajaríamos en el día.

A la salida nos dieron unas cañas de bambú a modo de bastones y nos ofrecieron la posibilidad de coger porteadores. Aquí es relativamente habitual que te ofrezcan porteadores para ir a la montaña, nosotros llegamos a la conclusión de que no nos hacía falta.

El principio del camino transcurre por un área bastante llana que ha sido recuperada para el parque tras ser zona de cultivo, es una zona pantanosa que en la época húmeda debe ser bastante incómoda de atravesar, pero en julio estaba en buenas condiciones.

Tras un cuarto de hora de camino paramos un momento frente al Monte Sabinyo y el guía nos volvió a ofrecer porteadores diciéndonos que hay gente que no puede llegar hasta arriba y que mi mochila le parecía pesada incluso para él.


Miramos lo que nos quedaba por delante (íbamos a subir por la parte izquierda los primeros picos hasta llegar al tercero, donde se encuentra la frontera entre los tres países) y en ese momento el recuerdo de los pináculos en Malasia recorre mi cabeza mientras un par de gotas de sudor frío me caen por las sienes. Como dos días antes me pasé un pelín corriendo y llevaba en la mochila la comida y bebida para mí y Zuzana, algo de ropa y, además de la mochila, llevaba los 5 kilos de la cámara y los objetivos… decidí que no merecía la pena arriesgarse y que a lo mejor era buena idea coger un porteador. El guía llamó a las oficinas y a los cinco minutos nos dice que el porteador está en camino, así que decidimos esperarle.

Tras un cuarto de hora esperando el guía llama de nuevo por radio a las oficinas del parque y tras hablar con ellos nos dice que hoy no hay ningún porteador disponible… ¿¿¿¿????

Bueno, no pasa nada, ya sé que hay que ir a tu ritmo, despacito si hace falta y sin obsesionarse. Cojo mi bastón de bambú y el de Tomáš, que no lo va a usar, y seguimos nuestro camino.

Seguimos avanzando hasta que nos adentramos en el bosque primario de bambú, el terreno todavía es bastante llano.


Más adelante el camino empieza a hacerse cuesta arriba y nuestro ritmo se hace más lento, por lo menos el mío, pero seguimos la subida sin problemas parando de vez en cuando. La verdad es que llevábamos un ritmo que a nosotros nos parecía lento comparado con otros caminos que hemos hecho, pero en una de las paradas el guía nos dice que vamos bien, que nuestro ritmo es bueno y que vamos bien de tiempo para llegar arriba y bajar antes de que anochezca. Estupendo.

La subida al Monte Sabinyo es preciosa, recorriendo un bosque con árboles cargados de musgo y líquenes que le dan una apariencia de bosque encantado. Conviene de vez en cuando pararse y echar un vistazo.



Poco a poco, los árboles empiezan a desaparecer y la vegetación de montaña con matorrales se hace dueña del paisaje. Al poco tiempo llegamos al primero de los picos, donde nos paramos a descansar, comer algo y disfrutar de las vistas sobre Ruanda, a la izquierda, y sobre Uganda, a la derecha, mirando al segundo pico que subiríamos en un rato.


Como el chico que está aprendiendo para guía se va a quedar en ese primer pico, dejamos con él lo que no es necesario y continuamos nuestro camino.

Rápidamente hacemos el primer descenso y subimos el segundo pico (no tan rápidamente), donde volviendo la vista puedes ver el primer pico del Sabinyo y los otros dos volcanes del parque Mgahinga, el Gahinga y el Muhavura, el más alto de los tres.

Sin apenas detenernos hacemos el siguiente descenso y llegamos a la subida del tercer y último pico hasta la frontera entre los tres países. Esta subida es un poco más complicada, y la mayor parte de ella se hace subiendo por escaleras hechas para poder llegar hasta arriba.


Finalmente llegamos a la cima del Monte Sabinyo, donde por supuesto le pedimos al guía que nos hiciera la foto de rigor: Tomáš está en Ruanda, Zuzana está en la República Democrática del Congo y yo estoy en Uganda.


Comimos disfrutando de las vistas de los tres países, aunque le cielo no estaba muy claro y las vistas no eran todo lo buenas que nos hubiera gustado. De todas formas no nos podemos quejar, en cualquier sitio que leas en Internet a alguien que ha subido al Sabinyo, parece que siempre te llueve, antes o después, y a nosotros nos hizo un tiempo perfecto, con sol durante todo el día.

Al rato comenzamos el descenso, yo primero porque quería hacer unas fotos mientras los demás bajaban. Llegamos al primer pico, donde recogimos al chico que se había quedado allí, y continuamos la bajada sin problemas hasta las oficinas del parque.

Nos lo esperábamos bastante más duro. No nos parecía que hubiéramos ido rápido, paramos bastante a hacer fotos y descansar, y aun así hicimos todo el recorrido dentro de lo que se considera un tiempo normal.

Después de todo el camino, nos lavamos con agua que nos calentaron (afortunadamente porque con el fresco que hace por la tarde...) y terminamos de disfrutar la tarde y la cena mientras descansamos las piernas de nuevo alrededor del fuego del comedor.


Y así terminamos nuestro día de montaña en el Parque Nacional Mgahinga.

A la mañana estábamos listos para continuar nuestro viaje hacia el Parque Nacional de Queen Elizabeth, que será nuestro próximo destino.



Acabas de leer la primera parte del viaje, también puedes leer:

La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días - Parte II.
La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días - Parte III.
La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días - Parte IV.
La vuelta a Uganda de wfogg en 16 días - Parte V.